¿Vosotras habéis chareado alguna vez? Para los más puretas, yo todavía soy demasiado joven para ser una charo, pero puede que dentro de unas décadas me enmarquen dentro del charismo. Ahora que el ministerio de Igualdad ha estudiado el uso de este término en el marco del discurso misógino en redes sociales, conviene recordar que la violencia digital es tan real como la que se da en cualquier otro espacio. De hecho, el mundo analógico y el que se construye en Internet se retroalimentan, tanto que a veces los límites terminan por difuminarse. Esto es lo que ha ocurrido con el término charo, que se emplea en redes sociales, pero también en las calles, para deslegitimar y desacreditar a las mujeres.
Puede que antes este término se reprodujese solo en la manosfera y saliese de ella hacia diversos espacios digitales con el objetivo de violentar a las mujeres. Sin embargo, en los últimos años podemos escucharlo en conversaciones informales, en discursos que pronuncian representantes políticos y hasta en podcast o canciones de quienes promueven habitualmente postulados de extrema derecha.
Aunque el blanco de su diana son mujeres que superan los 40 años, presentan tendencias ideológicas de izquierdas y llevan una imagen muy concreta, sobre todo en lo que al pelo se refiere, lo cierto es que charo podemos ser todas. Los únicos requisitos pasan por ser mujer y manifestar públicamente un discurso con el que ellos no comulgan y traducen como una amenaza que les señala desde lo que denominan charocracia.
Poner en el punto de mira a las mujeres de manera colectiva, a través de un término que nos ataca y ridiculiza, disuade a las nuevas generaciones a la hora de forjar y mostrar públicamente su propia voz. Primero nos llaman feminazis, después, charos. Como siempre, la violencia persigue el sometimiento de las víctimas. Por otro lado, estamos siendo testigos de cómo, cada vez más, las tendencias nos presentan un modelo de mujer que tiende a mimetizarse con el resto, perdiendo identidad y personalidad para encajar en un rol afín a la corriente de extrema derecha en auge, tanto en las formas como en el fondo.
En un mundo digital plagado de mensajes que nos incitan a replicar el modelo aspiracional conservador que representan las nuevas referentes en redes sociales es sencillo acorralar a las mujeres que no encajan entre tanta estandarización. Charo no es un termino gracioso. Tampoco es inocente. Representa el sentido más hostil e indeseable de la otredad a la que el machismo quiere relegarnos.
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