MENÚ

La violencia machista se ha cobrado ya la vida de 51 mujeres en España este 2019
El hecho de ser mujer continúa llevando un riesgo implícito para nuestra integridad física
Madrid |

Ika Hoffman fallece a causa de las cuchilladas en el tórax que le propinó su pareja en la casa que ambos compartían en Mallorca. El hijo de Leonor tenía 16 años cuando vio cómo su padre, y ex pareja de la víctima, asesinaba a su madre en su domicilio de Málaga. Juana Ureña había denunciado a su ex pareja por malos tratos y, aunque consiguió que le pusieran una orden de alejamiento, éste terminó matándola a puñaladas en el piso de Parla donde ella residía.

51 mujeres asesinadas

Estas son historias reales sobre cómo el machismo acabó con la vida de tres mujeres en diferentes momentos de este año. A día de hoy, Ika, Leonor y Juana engrosan la lista de las 51 mujeres asesinadas por violencia de género en España en 2019, según apunta el último informe de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género.

De estas mujeres, 11 habían denunciado previamente a su agresor, aunque solo en 5 de los casos se solicitaron medidas de protección en favor de la víctima. Desde 2003, se cuentan 1.027 víctimas mortales por violencia de género.

¿Y las demás?

Aunque el Pacto de Estado, aprobado en 2017, contempla la ampliación del concepto de violencia de género a todos los tipos de violencia ejercida contra la mujer, lo cierto es que, en nuestro país, solo se reconoce oficialmente como víctimas de violencia de genero a las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. Esto deja al margen de las cifras oficiales los casos en los que la víctima no mantenía una relación con su asesino, como ocurrió el pasado mes de septiembre, en Pontevedra, donde José Luis Abet Lafuente mató no solo a su ex mujer, sino también a la madre y la hermana de ésta, cuando iban a llevar al colegio a los hijos de la pareja.

Para poner el foco sobre este problema y poder atajarlo es necesario hacerlo visible. Es por esto que la ampliación del concepto de violencia de género es, entre otros asuntos, una de las reivindicaciones feministas más destacadas.

Esta limitación impide que, por ejemplo, Laura Luemo o Diana Quer, no hayan sido reconocidas como víctimas de violencia de género.

Un total de 51 mujeres engrosan las listas oficiales de las víctimas mortales por violencia de género

En clara desventaja

Por el simple hecho de serlo, las mujeres nos enfrentamos a una violencia estructural que vulnera nuestros derechos y nos priva de una emancipación plena. La brecha salarial, el techo de cristal o un posible embarazo planteado como condicionante a la hora de enfrentarnos a un proceso de contratación son solo algunos ejemplos de la posición de desventaja en la que se sitúa la población femenina.

Pero, además, las mujeres estamos expuestas a la posibilidad de sufrir una agresión sexual o de ser acosadas, ya sea en un espacio público, en el trabajo o en la calle. Todas hemos vuelto a casa con pasos ajenos siguiéndonos de cerca, todas hemos sido sorprendidas por tocamientos no consentidos a la vuelta de cualquier esquina, a todas nos han silbado, chistado o proferido palabras lascivas o intimidatorias en plena calle. Todas hemos sido protagonistas de una situación así o conocemos a mujeres que han pasado por ellas.

En ocasiones, también somos víctimas de amenazas y actos intimidatorios que limitan nuestras libertades y condicionan nuestra voluntad. Nuestro cuerpo y nuestra vida sexual son, en demasiadas ocasiones, los blancos sobre los que apuntan estas amenazas. Si somos madres, nuestros hijos e hijas también son usados como herramientas para manipularnos.

Aunque el Convenio de Estambul plantea abarcar estas realidades y establece que se designen como violencia de género “todos los actos de violencia basados en el género que implican o pueden implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de realizar dichos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, en la vida pública o privada”, en la práctica esto se no aplica y, mientras, el hecho de ser mujer continúa llevando un riesgo implícito.

Si somos testigos, ¿cómo actuamos?

Cuando somos conocedoras de un caso de violencia de género, Mercedes Sánchez, psicóloga experta en violencia de género, recomienda “hacer entender a la mujer lo que está viviendo y acompañarla a uno de los puntos municipales del Observatorio Regional de la Violencia de Género”.

Desde 2005, estos puntos especializados “se encuentran en todos los municipios de la Comunidad” y ofrecen una atención integral, abarcando el asesoramiento jurídico, la atención psicológica y el área de trabajo social. “En estos puntos se trabajan aspectos como la toma de conciencia o las secuelas que puede dejar una situación de violencia de género en la mujer y en sus hijos”, explica Sánchez.

La protección es otra de las vertientes que se cuidan en los puntos municipales, en los que también se trabaja para buscar un alojamiento de emergencia a la mujer que sufre una violencia de este tipo, tras haber pasado por los procedimientos pertinentes.

En muchas ocasiones somos conscientes de un caso de violencia de género y no sabemos cómo actuar con la víctima para ayudarla. En este sentido, la psicóloga Beatriz Ramos nos da estas pautas sobre cómo debemos tratar a la mujer cuando somos testigos de un caso de violencia:

“Hay que apoyar a la víctima. Denunciar a su agresor es un paso muy difícil, por lo que debemos crear una red de apoyo para luchar contra el aislamiento de la mujer. Otro punto importante es escuchar sin juzgar y ser empático; dejar que la mujer comparta sus experiencias sin hacer preguntas del tipo `¿qué veías en él?´ o `¿por qué has aguantado tanto?´ Por último, es importante no sentir pena por la víctima. Se trata de un proceso de apoyo, acompañamiento y comprensión”.

Ambas profesionales nos recuerdan la fuente de ayuda que puede suponer recurrir al teléfono 016.