Desde 1989 todos sabemos quién tiene licencia para matar y, desde este recién instaurado 2026, también conocemos quién tiene licencia para secuestrar. Con uniformes militares y bajo la falsa idea de libertad, el presidente de Estados Unidos abría las venas de Venezuela en una madrugada agridulce para su pueblo. Una huida nocturna, con más de 40 víctimas mortales entre civiles y soldados venezolanos y cubanos.
Una herida de muerte que cercena los deseos de esperanza de su pueblo, el sueño de la prosperidad y las ansias de abrazar a familias separadas por un régimen demoledor. Una pieza más de este nuevo orden internacional que nos retrotrae a los peores momentos del colonialismo del siglo XIX. Desde el pasado 2 de enero, el presente de Venezuela y el futuro de Latinoamérica se escriben en inglés.
Las fauces de la avaricia se abren para tragarse a un pueblo que soñaba, desde hace 25 años, con un nuevo amanecer lejos de tiranos. Un tirano cae y otro se alza; mientras, la sombra de los papeles de Epstein amenaza con ser también secuestrada. La captura de Maduro, ¿una excusa más para "ensalzar" la gestión Trump mientras se ahoga la verdad de Donald?
Dice el refranero español que "en el comer y el rascar todo es empezar", y el hambre del Despacho Oval es insaciable. Como si de una burda partida de Risk se tratase, sobre el tablero empieza a brotar la sangre dibujando una palabra: petróleo. El crudo empezará a correr por las venas de la economía estadounidense cuando el pulso venezolano deje de dar señales de vida. La derecha y la izquierda ya no existen: solo el negocio por vender tu patria. Mientras, en el terreno de juego, una anoréxica Democracia no sabe a qué veleta atender ni qué charco cruzar.
La soberanía de las naciones ya es papel mojado para un líder narcisista al que ninguna otra potencia ha sabido parar los pies. El primer capricho era Venezuela, pero su objetivo es el mundo: Cuba y Colombia ya tienen la mira puesta, mientras él se deshace en deseos de poner un pie sobre Groenlandia, territorio que pertenece al Reino de Dinamarca. ¿Volverá a resonar el eco del silencio cómplice de Europa aunque los bárbaros atenten con expoliar su tierra? La Historia se repite.
El 2 de enero de 2026: el día que será recordado por la captura de Maduro a manos de Estados Unidos o el día de la muerte del Derecho Internacional.