Les “repele” la idea de estar con una mujer de su misma edad, especialmente si superan los 30 años. Parece que tampoco les resulta demasiado agradable que sus parejas presten toda la atención a sus bebés, ya que dejan de sentirse cuidados y atendidos por las que son madres de sus propios hijos.
Es un hecho que las redes sociales se han convertido en un perfecto amplificador de mensajes con los que muchos pretenden marcar el discurso sociopolítico. Con una ola ultraconservadora atravesando el contexto actual, los podcast de aquellos que se hacen llamar hombres de valor proliferan, dando paso a un sinfín de variados contenidos en los que se erigen como correa de transmisión de valores no solo conservadores, sino profundamente dañinos, especialmente para las mujeres.
En términos de desigualdad, podemos observar cómo muchos de esos contenidos pretenden esbozar un ideal femenino moldeado en base a criterios cargados de machismo. Uno de los últimos vídeos de la Gata de Schrödinger es ejemplo de ello, mostrando cortes de una charla entre hombres en la que se valida a las mujeres en función de su capacidad reproductiva. Aunque muchos se lancen a opinar que este tipo de declaraciones pueden estar sacadas de contexto, es terriblemente sencillo encontrar publicaciones de este tipo en redes sociales y, por ende, en las calles.
Las voces que dan voz la conservadurismo más rancio ya no solo se esfuerzan en ubicarnos en el marco del hogar para desarrollar los roles que históricamente han tratado de atribuir a nuestro género. Ahora, cuando las mujeres tradicionales se han convertido casi en un modelo aspiracional envuelto en fantasía y postureo, ellos dan un paso más para expresar públicamente que las mujeres mayores de 30 años no son tan atractivas para los hombres que quieren construir una familia en base a la masculinidad más tóxica.
En primer lugar, con esto nos reducen a un cuerpo con capacidad para gestar y a un ser que solo se desarrolla y valida a través de la maternidad y los cuidados. Por otro lado, como buenos amigos del bulo y sin necesidad de pronunciarlo expresamente, están sacando de la ecuación el factor masculino y extendiendo la idea de que la fertilidad depende únicamente de la mujer, casi equiparando la treintena a la perimenopausia y sin apoyarse en ningún tipo de respaldo médico o científico.
No conformes con reducirnos a recipientes gestantes con fecha de caducidad, muchos de estos intentos de superhombres hablan abiertamente del valor que pierde una mujer que haya mantenido una vida sexual activa antes de entrar en ese retorcido mercado del casamiento al que, supuestamente, todas deberíamos estar muriéndonos por entrar para conseguir un hombre proveedor.
Entre aquellos que se consideran afortunados por haber alcanzado el ideal de familia que sus colegas youtubers les indican, hay algunos que se sienten desplazados después de ser padres. Álvaro Rubio, de La Isla de las Tentaciones, ha sido muy criticado por comentar que se sentía menos cuidado tras la llegada de su hija, pero hay otros tantos que no se cortan a la hora de reconocer que han hablado con sus parejas porque todos los cuidados van dirigidos al bebé.
Quizás no se dan cuenta de que ese bebé acaba de nacer y de que ellos ya fueron criados en su momento, por lo que no corresponde a sus parejas sostenerlos en ese punto. También puede haber influido la interpretación de un estudio que asegura que los hombres pueden tener depresión posparto, aunque les llega más tarde, alrededor del primer cumpleaños de la criatura.
Es importante hacer un buen uso del lenguaje cuando se trata de asuntos que van de lo personal a lo político, ya que de lo contrario puede provocar confusión. La salud mental debe cuidarse siempre, más aún cuando alguien atraviesa toda la serie de transformaciones vitales ligadas a la maternidad o la paternidad, pero no confundamos esa atención con otras cuestiones que no vienen a lugar.
¿Cuántas mujeres han sido aleccionadas para atender a sus maridos durante el posparto? La comunicadora Henar Álvarez comentaba cómo, poco antes de parir, un profesional sanitario le recordaba que debía seguir prestando atención a su pareja para que no se sintiera desplazado por el cambio. Un cambio que transforma a mujeres y a hombres, pero que, sin duda, nos atraviesa de una manera más radical a nosotras, tanto física como emocionalmente. Ni recién paridas nos permiten desvincularnos del cuidado que se espera que ejerzamos, del sostén emocional que se pretende que sirvamos en casa.
¡Qué pereza, algunos!