OPINION | Ceuta: ¿Estamos viendo la misma realidad?

Dos personas pueden contemplar las mismas imágenes, conocer los mismos hechos y, sin embargo, estar convencidas de que están viendo cosas completamente diferentes

Dos personas pueden contemplar las mismas imágenes, conocer los mismos hechos y, sin embargo, estar convencidas de que están viendo cosas completamente diferentes

No todos los ciudadanos perciben la misma realidad de lo que sucede en la ciudad española.

Imagen: Generada con IA

Hemos pasado todo este largo y caluroso verano pendientes de Ceuta. Desde que decenas de miles de personas entraron a la ciudad española el debate ha estado centrado, como no, en las responsabilidades políticas, en la gestión de la crisis, en buscar culpables. Pero, como siempre me ocurre en mis largos paseos vacacionales, mi cabeza se pone a divagar para buscar los ángulos que nadie comenta. 

 

Y en esta cuestión hay algo que me interesa más que la propia discusión política que ha generado. Me interesa encontrar respuesta a esta pregunta: ¿estamos viendo todos la misma realidad?

 

Ante las imágenes de jóvenes intentando cruzar la frontera, hay quien ve a personas que huyen de la pobreza, de la falta de oportunidades o de la exclusión social. Jóvenes que buscan un trabajo, unas condiciones de vida dignas o, simplemente, un futuro diferente.

 

Pero hay quienes contemplan exactamente esas mismas imágenes y ven otra cosa: cientos o miles de hombres jóvenes, muchos de ellos en edad militar, entrando simultáneamente en territorio español. Ven una amenaza, una presión sobre la frontera y, en algunos casos, una posible repetición de episodios históricos como la Marcha Verde.

 

No están viendo imágenes diferentes. 

 

Aquí lo que nos ocurre es que cada uno de nosotros estamos construyendo significados diferentes a partir de las mismas imágenes. Y quizá ahí se encuentre una de las claves para entender por qué nuestra sociedad está cada vez más polarizada.

 

Hay una diferencia fundamental entre un hecho y la interpretación que hacemos de ese hecho. Que un determinado número de personas haya cruzado una frontera es algo que podemos contar, documentar y verificar. Pero afirmar que esas personas constituyen una "invasión", una "crisis humanitaria", una amenaza para la seguridad o una consecuencia de la pobreza implica introducir una interpretación.

 

El problema aparece cuando confundimos ambas cosas. Cuando una interpretación se repite suficientemente, termina adquiriendo apariencia de hecho. Y entonces dejamos de decir: "Yo interpreto esto como una amenaza" para directamente empezar a asumir que "esto es una amenaza".

 

La diferencia parece pequeña, pero es enorme.  A veces hablamos de la ciudadanía como si fuese un receptor pasivo de información. Como si existiera una realidad objetiva, los medios la transmitieran y cada ciudadano simplemente la recibiera. No funciona así.

 

Nuestro cerebro selecciona, organiza e interpreta la información que recibe. Las experiencias anteriores, los miedos, las expectativas, los valores y nuestra pertenencia a determinados grupos influyen en aquello que consideramos relevante. Por eso dos personas pueden entrar en una misma habitación y salir de ella contando historias diferentes. Una persona puede ver peligro donde otra ve necesidad. Y otra puede ver desorden donde otra ve desesperación.

 

Esto no significa que todas las interpretaciones sean igualmente ciertas. Significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil de aceptar: nuestra percepción de la realidad no es la realidad misma.

 

"Nosotros" y "ellos"

 

Hay además otro mecanismo profundamente humano. Tendemos a dividir el mundo entre quienes consideramos parte de nuestro grupo y quienes percibimos como externos a él. En Ceuta esa frontera simbólica puede resultar especialmente poderosa. "Nosotros" somos los ceutíes. Los españoles, los vecinos, nuestra ciudad. Hay cientos de videos de las manifestaciones de estas últimas semanas en las que los ciudadanos expresan esto con total convencimiento.

 

Enfrente están "ellos" son quienes llegan desde fuera. Cuando aparece la sensación de amenaza, el individuo concreto puede desaparecer detrás de la categoría. Dejamos de ver a una persona determinada, con su historia, sus circunstancias y sus motivos, y empezamos a ver "inmigrantes", "marroquíes" u "hombres en edad militar".

 

Cada etiqueta contiene una interpretación diferente y activa emociones diferentes. Porque una persona que siente miedo no procesa la información de la misma manera que una persona que siente empatía. El miedo busca amenazas. La empatía busca circunstancias.

 

El papel de los medios

 

Los medios tienen capacidad para seleccionar acontecimientos, jerarquizar información y utilizar determinados marcos para explicarla. No es lo mismo hablar de "llegada de migrantes" que de "asalto a la frontera". Tampoco es lo mismo hablar de "jóvenes que buscan una vida mejor" que de "hombres en edad militar".

 

Las palabras importan porque no solamente describen. sino que orientan nuestra mirada. Pero sería demasiado sencillo pensar que el ciudadano es una especie de marioneta de los medios y no lo es. El ciudadano interpreta lo que recibe desde sus propios prejuicios, experiencias y convicciones. Selecciona las fuentes que considera fiables y rechaza aquellas que contradicen su visión del mundo.

 

Además, las redes sociales han multiplicado este fenómeno. Ya no vivimos únicamente en una sociedad en la que existen diferentes opiniones. Vivimos en una sociedad en la que muchas personas habitan ecosistemas informativos diferentes. Unos reciben permanentemente imágenes y testimonios sobre vulnerabilidad. Otros reciben permanentemente imágenes y testimonios sobre inseguridad. 

 

El peligro de convertir la percepción en certeza

 

Quizá el problema más serio aparezca cuando dejamos de distinguir entre lo que vemos, lo que sentimos y lo que sabemos. Puedo decir: "tengo miedo de que esto cambie mi ciudad". Eso es una experiencia emocional y nadie puede discutirla. Puedo decir: "creo que estamos ante una amenaza para Ceuta". Eso ya es una interpretación. Pero si afirmo: "existe un plan para expulsar a los españoles de Ceuta" estoy realizando una afirmación sobre la realidad que necesita pruebas.

 

Las tres frases pueden aparecer juntas en una conversación. Pero no significan lo mismo. Y una sociedad democrática necesita aprender a separarlas. Porque reconocer el miedo de una persona no obliga a aceptar automáticamente la explicación que esa persona ofrece para justificarlo. Del mismo modo, reconocer las circunstancias de vulnerabilidad de un migrante tampoco obliga a negar que pueda existir un problema fronterizo, de seguridad o de gestión migratoria.

 

Podemos reconocer emociones sin convertirlas en hechos.

 

Quizá no se trata de decidir quién está viendo "la verdad". Esta es, probablemente, la parte más incómoda. Es tentador contemplar este enfrentamiento y concluir que uno de los dos grupos está viendo la realidad y el otro está manipulado. Pero la realidad suele ser más compleja. Puede haber personas que estén huyendo de la pobreza. Puede existir preocupación legítima entre los habitantes de Ceuta. Puede haber intereses políticos detrás de determinados movimientos migratorios. Puede haber una dimensión humanitaria. Puede haber una dimensión fronteriza. Puede haber miedo. Puede haber manipulación. Y puede haber también personas que utilicen una situación real para construir un relato que les resulte políticamente útil.

 

El verdadero desafío consiste precisamente en ser capaces de sostener varias verdades parciales al mismo tiempo sin convertir ninguna de ellas en una explicación absoluta.

 

Quizá antes de preguntarnos quién tiene razón deberíamos hacernos una pregunta diferente: ¿Qué parte de lo que estoy viendo es un hecho y qué parte es la interpretación que estoy haciendo de ese hecho?

 

¿Qué tendría que ocurrir para que cambiara de opinión?

 

Esta última pregunta quizá sea la más importante de todas. Porque cuando la respuesta es "nada", cuando ningún dato, ninguna historia personal y ninguna evidencia puede modificar nuestra interpretación, ya no estamos intentando comprender la realidad. Estamos defendiendo nuestra propia versión de ella. Y entonces Ceuta deja de ser solamente una frontera entre España y Marruecos. Se convierte en algo mucho más grande: una frontera entre las diferentes realidades que estamos construyendo dentro de nuestras propias cabezas.

 



Comentarios
¿Quieres comentar esta noticia? Déjanos tu opinión rellenando este formulario

INFORMACION SOBRE LA PROTECCIÓN DE TUS DATOS


Responsable: S.E.I. EDETRONIK. S.A

Finalidad: Envío de información solicitada, gestión de suscripción a la web y moderación de los comentarios.

Datos tratados: Comentarios: Datos identificativos (en el caso que te registres en la web) y comentarios.

Legitimación: Consentimiento del interesado.

Destinatarios: Utilizamos MDirector como plataforma profesional de envío de mails. Nos permite ofrecerte un servicio libre de SPAM y con total confidencialidad. Ellos únicamente almacenarán tu correo para poder realizar el envío.

Derechos: Puedes acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos que detallamos en el siguiente link

Información adicional En este link dispones de información adicional y detallada sobre la protección de datos personales que aplicamos en nuestra web.

CERRAR