A Sánchez lo que de verdad le gusta es dar por culo a los españoles… quizá también a los marroquíes...
Hay presidentes que dejan huella.
Y luego está Pedro Sánchez, que parece empeñado en dejar directamente la próstata marcada.
¡Es un vicio!
Porque llega un momento en que el español medio ya no sabe si está pagando impuestos, sobreviviendo a una legislatura o participando involuntariamente en una exploración rectal colectiva patrocinada por el BOE y por esto que algunos cabestros todavía denominan PSOE.
Nos suben una cosa.
Nos aprietan otra.
Nos explican que todo va fenomenal.
Y mientras tanto uno empieza a sospechar que el famoso Estado del bienestar consistía, en realidad, en aprender a sentarse con cuidado...
y mirando al cielo.
Pero hay una pregunta todavía más divertida.
¿Y si Sánchez, después de años demostrando ser un auténtico maestro del arte porculero con los españoles, hubiera encontrado a alguien capaz de jugar mejor que él?
Porque entonces aparece Marruecos.
Y aparece Pegasus.
Y aparece ese gigantesco elefante digital en mitad de la habitación del que todo el mundo habla, pero al que nadie parece tener demasiadas ganas de hacerle una colonoscopia política.
Qué cosas, ¿verdad?
Un teléfono.
Un presidente.
Un país vecino.
Unas saunas.
Un cambio de posiciones políticas.
Una invasión, con miopía ejecutiva y expresión ciudadana ojiplática.
Y muchas explicaciones que, casualmente, nunca terminan de cerrar del todo el círculo.
Pero hay recuerdos que no necesitan Pegasus.
Ni nube.
Ni disco duro.
Ni contraseña.
Ni siquiera electricidad.
Hay cosas que uno no conoce porque se las hayan contado. Las conoce porque las ha visto.
Y algunas fotografías todavía llevan Kodak escrito en el reverso.
Hasta ahí puedo leer.
De momento.
Pero tranquilos.
Seguro que no tiene nada que ver.
Seguro que todo son casualidades.
Como encontrar al amor de tu vida en una sauna y que tu futuro suegro resulte ser todo un experto en el arte marital...
O descubrir que, mientras tú mirabas hacia otro lado, alguien estaba mirando todo lo demás.
Porque esto es lo maravilloso del mundo digital: ya no hace falta esconder una cámara detrás de una maceta.
Existe el port mirroring.
Existen las TAP.
Existe la interceptación de tráfico.
Existen los puntos neutros.
Existen enormes centros de datos.
Y existe gente que sabe perfectamente que, cuando un paquete atraviesa una red, puede dejar más recuerdos que una noche de despedida de soltero.
Los que saben qué es una TAP entenderán la pregunta.
Los que conocen un punto neutro quizá entiendan alguna más.
Y los que sepan qué pinta OceanStores en esta historia posiblemente ya no necesiten que les explique nada.
Los demás pueden hacer algo extraordinariamente revolucionario:
preguntar.
Porque quizá la pregunta no sea quién mira.
Quizá sea otra:
¿Quién guarda?
¿Quién tiene las grabaciones?
¿Quién conserva los datos?
¿Quién sabe qué vio quién?
¿Quién tiene una copia?
¿Y quién duerme más tranquilo porque sabe que otro, desde hace años, duerme bastante menos?
Porque a estas alturas uno ya no sabe si estamos hablando de diplomacia internacional, ciberseguridad o una gigantesca partida de póquer en la que alguno juega con las cartas de los demás marcadas.
Y ojo:
yo no estoy afirmando que Marruecos chantajee a Pedro Sánchez.
No estoy afirmando que Pegasus explique sus decisiones políticas.
Ni estoy diciendo que una fotografía demuestre lo que algunos querrán imaginar al leer estas líneas.
Eso tendrán que demostrarlo otros, si es que algún día hay algo que demostrar.
Yo hago algo mucho más sencillo.
Pregunto.
Observo.
Y, de vez en cuando, recuerdo.
Porque últimamente en España parece que preguntar molesta casi tanto como pagar impuestos.
Cierren bien las puertas.
Actualicen el móvil.
Pero no se obsesionen con la tecnología.
Porque a veces buscamos sofisticados programas espía, servidores, escuchas, hackers y operaciones de inteligencia...
cuando el pasado lleva décadas esperando tranquilamente dentro de un sobre.
En papel fotográfico.
En política todos enseñan el culo alguna vez.
El problema empieza cuando alguien conserva la copia de seguridad de tu ano.
Y acuérdense de estas palabras:
puede que algún día veamos algún ano que otro en papel couché.
Aunque, pensándolo bien...
algunos seguro, lo han visto ya en Kodak.
Feliz fin de semana.