Más allá de ser un arte o una actividad física, la danza ha demostrado ser un poderoso motor de evolución humana. El estudio de la Universidad Iberoamericana Puebla en 2024, “El proceso creativo en la danza como factor de desarrollo humano”, expone que crear con el cuerpo transforma la forma en que los individuos se conocen a sí mismos, se expresan y se relacionan con el mundo.
El cuerpo también piensa
La investigación está centrada en bailarines en formación que combinan entrenamiento técnico con procesos creativos. Los resultados demuestran que cada gesto, cambio de ritmo o recorrido del espacio requiere de decisiones constantes.
Además, en la práctica, esto se traduce como un entrenamiento para la creatividad. Los individuos que participan definen la danza como “un espacio donde pueden experimentar, cometer errores y volver a intentarlo sin temor”, algo que no suele ocurrir en entornos más académicos. Así, el cuerpo se transforma en un laboratorio en el que se experimentan ideas, sentimientos y nuevas maneras de poder expresarse.
Creatividad y autoconocimiento, un mismo movimiento
Existe una conexión íntima entre el autoconocimiento y la creatividad. No es solo crear pasos que sean originales, sino también saber identificar qué quiere transmitir cada individuo con cada gesto. Los participantes señalan que siempre que tienen que desarrollar una pieza de baile, tienen que preguntarse a sí mismos diversas cuestiones: “¿Qué sienten?”, “¿qué quieren contar?” y “¿cómo desean mostrarse a los demás?”.
Este diálogo interno permite enfrentar miedos, límites y deseos, así como descubrir una voz propia que no busca imitar, sino expresarse a través del movimiento.
De la técnica a la experiencia transformadora
Son muchas las personas que aterrizan en la danza pensando en acondicionamiento físico o técnica. Sin embargo, acaban llevándose un valor mucho más amplio. Conforme participan en procesos creativos, empiezan a reconocerla como una experiencia transformadora.
Ganancia de confianza, sensación de libertad y capacidad de afrontar desafíos son algunos de los beneficios que trascienden el escenario. De hecho, la creatividad que se crea en el baile se extrapola a la vida real. Esto se traduce en la obtención de herramientas útiles para adaptarse, buscar alternativas y comunicar emociones.
La danza en la educación
Los resultados del estudio tienen implicaciones claras para el ámbito de la educación. Integrar la danza en la formación de los niños y jóvenes implica brindarles un lugar complementario al académico, en el que pueden descubrir quiénes son y qué pueden aportar. Según el estudio, esta enseñanza permite a los alumnos descubrir habilidades personales, fortalecer la reflexión y fomentar la seguridad y el pensamiento crítico.
Casvi International American School es un ejemplo práctico de esta filosofía. Álvaro Amor, profesor de danza del centro, destaca los beneficios de esta disciplina: "Cuando has trabajado en danza y te has enfrentado a un público solo con la capacidad de expresarte con tus movimientos y sentimientos, aprendes a improvisar y manejar la presión”, explica. "Esa experiencia te prepara para situaciones complicadas, como entrevistas de trabajo, donde debes expresarte pese a sentirte vulnerable ante un público exigente".
Es por ello que uno de sus principales objetivos es preparar a sus alumnos a expresarse eficazmente en momentos de alta ansiedad y de difícil control emocional. Para Álvaro, en un mundo cada vez más digital, la danza es una herramienta excepcional en la educación, ya que concluye que “el cuerpo es el pincel” que los estudiantes usan para relacionarse con el entorno.
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