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No vetan a Bad Bunny, vetan a las mujeres
Cuñados se disfrazan de feministas en su afán de controlarnos y enjuiciarnos
MADRID |

No recuerdo la última vez que vimos a tanto machista y derechón fingir preocupación por las realidades que atraviesan las vidas de las mujeres. El concierto de Bad Bunny ha congregado a lo más rancio de la sociedad española en las columnas de los diarios y en las redes sociales, donde han encontrado una oportunidad de oro para cargar contra todas nosotras, especialmente si nos pronunciamos públicamente o se nos sabe feministas. Se han adueñado temporalmente de nuestras luchas para poner en el centro de la diana a toda mujer que disfrute del show de Benito y baile cómo le da la gana, en la zona vip o fuera de ella.

Quienes sacan pecho de su antifeminismo a diario, nos llaman ‘Charo’ y perpetúan las desigualdades de género que nosotras sí sufrimos y sí combatimos, ahora tiran de poca vergüenza y oportunismo para hablar en nombre del feminismo con la idea de limitarnos y devolvernos a un lugar lo más alejado posible del espacio público, en el que tenernos controladas y dentro del redil sea menos complicado. A ninguno de estos le importa realmente que Bad Bunny tenga letras en las que, claramente, domina la mirada masculina y se cosifica a las mujeres. No dicen nada de las trabajadoras de Julio Iglesias ni de aquel cabeza de lista de cierto partido político del que se ignoró una condena previa por violencia contra su pareja. No les chirría la ovación a un Papa que niega el derecho al aborto en el Congreso, se ríen del “piquito” de Rubiales y poco les falta para unirse en oración con el iluminado de Dani Alves. El cuñadismo es su vocación y hay que reconocer que están en su prime. No sé si ha sido para potenciar el efecto de la ola ultraconservadora con la que pretenden convertirnos en la perfecta tradwife o, simplemente, porque les tocaba salir de la caverna, pero se están luciendo.

El machismo le importa tan poco como las canciones en las que Bad Bunny suelta eso de “hoy quiero una puta, una modelo”. En el panorama musical ha habido temas míticos con un discurso muy cuestionable, cargados de masculinidad tóxica y atravesados por un machismo rancio que hoy, sin ningún tipo de reparo, reconocemos como himnos. No he escuchado nunca a estos reaccionarios quejarse por ello ni creo que tengan intención de hacerlo. Tampoco les veo muy animados a apoyarnos cuando alguna de nosotras se lanza a revisar muchas de estas canciones o cualquier otro tipo de contenido cultural que lo merezca.

Estos conciertos son solo la excusa para aleccionarnos con algo más de disimulo del que acostumbran. Nos quieren sumisas y adaptables, fáciles de encajar en el molde que tienen preparado para nosotras. No bailes. No te vistas así. No te sientas sexy. No disfrutes. No te relajes. No te lo pases bien. Hazlo solo cuando y cómo el patriarcalo lo mande. Por muy bien que les esté saliendo esta vez, sabemos que esto no es nuevo y que la crítica y el veto no se dirige al autor de las letras o al equipo que gestiona la casita, sino a nosotras. Ni una mujer de bien ni una feminista que se precie deben abandonarse al perreo durante un par de horas.

Además de enjuiciar a toda mujer que se asome por Madrid estos días, la polémica suscitada en torno a la residencia de Bad Bunny en el Metropolitano pone en el centro de la diana a un cantante que, a pesar de sus evidentes contradicciones, últimamente está resultando muy incómodo para la derecha más conservadora por el contenido político que encierran muchos de sus mensajes. Aunque pueda parecer que se lo han montado bien, lo cierto es que nosotras somos más y estamos llenando el estadio. No creo que ninguna de las que han aprovechado la ocasión de hacerse con una entrada defienda fervientemente a Benito, seguro que todas son conscientes de las contradicciones que mencionábamos antes. Se trata de señalar lo que no está bien y de ponerlo de manifiesto para que, cada vez más y cuanto antes, los artistas se revisen y no nos cuelen una frase lamentable que nos fastidie el perreo.

Desgraciadamente, las mujeres nos enfrentamos con demasiada frecuencia a situaciones que machistas por el simple hecho de ser mujeres y no he visto a nadie señalarnos por seguir acudiendo a reuniones familiares, al centro de trabajo o al instituto. Combatir el machismo, detectarlo cuando aparece y tomar conciencia es compatible con seguir disfrutando de nuestros cuerpos y de nuestras vidas. No hay lección posible que puedan darnos unos cuántos frustrados. Así que, chicas, en Madrid o en 'NuevaYol', sigamos bailando por favor.

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