MENÚ

Carmen Vallejo: "Soy una ciudadana preocupada por el mañana de las generaciones venideras"
Esta madrileña de 58 años ha participado en los Paneles de Ciudadanía Europea en los que europeos de todos los países proponen a nuestros representantes soluciones a problemas cotidianos
Regional |

Carmen Vallejo tiene 58 años, es madre de dos hijos, abuela de una niña y trabaja como administrativa en una empresa relacionada con el sector del automóvil. No se dedica a la política ni se considera una experta en las instituciones europeas. De hecho, hasta hace poco desconocía que la Unión Europea organiza iniciativas para que ciudadanos sin experiencia política pudieran participar en debates sobre asuntos que afectan a la sociedad. Hoy forma parte de esa experiencia y defiende que la ciudadanía debe disponer de más oportunidades para expresar sus opiniones e intentar influir en las decisiones públicas.

Su llegada a los Paneles de Ciudadanía Europea fue completamente fortuita. Nos cuenta que "fue algo totalmente fortuito. Estaba de paseo en un parque con mi perro y se acercaron dos chicas que me comentaron por encima el tema. Me registré con el QR del folleto, que me leí en casa, y después contactaron conmigo para comunicarme que había sido seleccionada. Además, nunca había tenido constancia de estas iniciativas por parte de la Unión Europea", explica.

La posibilidad de conocer desde dentro cómo se abordan cuestiones que afectan a toda la sociedad terminó de convencerla. "Pensé que podía ser una experiencia única y que tendría la posibilidad de ver cómo se hacen las cosas que nos afectan a todos desde dentro", recuerda.

Su historia representa una de los objetivos de los paneles: que la participación democrática no quede reservada a quienes tienen una trayectoria política, pertenecen a organizaciones o mantienen una relación habitual con las instituciones. También personas con vidas profesionales y familiares alejadas de esos ámbitos pueden aportar sus experiencias y puntos de vista.

Los Paneles de Ciudadanía Europea son mecanismos de democracia deliberativa promovidos por la Comisión Europea. Reúnen a ciudadanos de los distintos Estados miembros para debatir asuntos de interés común y formular recomendaciones que puedan contribuir al diseño de políticas públicas. Los participantes intercambian perspectivas, trabajan en grupos y buscan propuestas compartidas sobre cuestiones que afectan al futuro de Europa.

Para Vallejo, lo más valioso de la experiencia ha sido encontrarse con personas de procedencias, edades y realidades sociales diferentes y descubrir que, pese a las distancias aparentes, existen muchas preocupaciones compartidas.

Recuerda especialmente el primer día, cuando llegó al plenario y se encontró con participantes procedentes de distintos países. Al principio había nervios y cierta vergüenza, pero pronto comenzaron las conversaciones y el intercambio de opiniones. "Desde mi punto de vista, esto ha sido lo mejor. La experiencia es única. El primer día, cuando llegamos allí, vimos el plenario lleno de gente de todos los países, con edades distintas. Poco a poco, dejando atrás nuestros nervios y nuestra vergüenza, todos nos íbamos integrando en las charlas y preguntábamos sobre los temas que nos iban poniendo encima de la mesa", nos relata.

La convivencia también le ha permitido revisar algunas ideas preconcebidas sobre la realidad de otros países europeos. "La visión que tenemos de otros países es que, económicamente y socialmente, parecen estar por encima del nuestro. Pero, hablando en los grupos de trabajo, te das cuenta de que no hay tanta diferencia entre unos y otros", afirma.

No identifica una conversación concreta que le haya hecho cambiar radicalmente de opinión, pero sí una conclusión general: los problemas que aparecen en el debate público no pertenecen exclusivamente a un país. "En mi grupo de trabajo, con personas de distintas nacionalidades, los temas que salían a debate nos afectaban a todos. Vimos que los mismos problemas están en todos los países, en mayor o menor medida, pero están", señala.

A Vallejo le sorprendió especialmente que personas con trayectorias y realidades tan diferentes pudieran entenderse desde el primer momento. "Lo que más me sorprendió es que gente tan dispar tuviésemos ese entendimiento desde el minuto uno", resume.

La igualdad, la educación, el machismo, la manipulación de los medios de comunicación y el avance de los partidos extremistas en Europa figuran entre las cuestiones que, según explica, han formado parte de las conversaciones. Son asuntos distintos, pero conectados por una misma preocupación: cómo construir sociedades en las que los ciudadanos tengan derechos, oportunidades y capacidad de influir en su futuro.

Su esperanza de que las propuestas lleguen a las instituciones

Participar en un panel supone dedicar tiempo a debatir, escuchar argumentos diferentes y buscar soluciones. Pero también plantea una pregunta inevitable: ¿Qué sucede después? Vallejo mantiene la esperanza de que el esfuerzo colectivo tenga resultados, aunque reconoce que todavía no dispone de una respuesta definitiva. "Yo quiero pensar que sí. Evidentemente, si todos los que estamos allí hubiésemos pensado que todas nuestras propuestas y nuestro tiempo no valen para nada, entiendo que no hubiésemos ido. O, por lo menos, queremos tener la esperanza de que nuestras opiniones valen para algo", sostiene.

Aunque en este punto, Vallejo distingue entre la posibilidad de ser consultada y la capacidad efectiva de modificar una decisión. A su juicio, la influencia directa de los ciudadanos es limitada. "La capacidad real para que los ciudadanos influyan directamente no creo que exista, pero, a nivel de consulta, entiendo que lo deberían tener en cuenta. La influencia termina en el momento en el que la Unión Europea decide. Si se toman en cuenta nuestras opiniones, genial; si no, pues lo hemos intentado", afirma.

"La ciudadanía somos simples peones"

Vallejo defiende los procesos de participación ciudadana y considera que pueden ser instrumentos que acaben con la desconfianza de los europeos hacia las instituciones y la creciente polarización. Considera que una parte de la distancia entre representantes y representados nace del incumplimiento de las expectativas que acompañan a las promesas electorales. "A los políticos se les olvida quién les han puesto en su sillón y, una vez sentado en él, hacen y deshacen a su gusto. No se acuerdan de sus promesas electorales y la ciudadanía somos simples peones que nos manipulan mientras les interesa", denuncia.

Su percepción es que hay una evidente desconexión entre las prioridades de la población y las decisiones de quienes gobiernan. Y por ello cree que la participación democrática debería servir precisamente para reducir esa distancia y evitar que las necesidades de la mayoría queden relegadas frente a los intereses de unos pocos.

También advierte de los riesgos de la desinformación y de la forma en que se consumen los mensajes políticos en las redes sociales. Considera que los formatos breves pueden reforzar las opiniones que cada persona ya tiene sin ofrecer suficiente profundidad para comprender problemas complejos. "Las redes sociales son un caldo de cultivo peligroso. En esos mensajes cortos te dicen lo que tú quieres escuchar, simplemente, y no profundizan en las cuestiones que preocupan a la sociedad", afirma.

Sin embargo, evita atribuir toda la responsabilidad a los partidos o a las plataformas digitales. También interpela a los propios ciudadanos por la manera en que reciben y comparten información. "No solo es culpa de los partidos políticos, sino de los ciudadanos, que no contrastamos la información que se nos facilita", advierte.

Una ciudadana, más que una embajadora

La Comisión Europea ha impulsado la campaña "Protect What Matters", orientada a dar a conocer las oportunidades de participación democrática y a mostrar experiencias de ciudadanos que han formado parte de estos procesos. En ese marco, algunos participantes asumen el papel de embajadores para compartir sus vivencias y animar a otras personas a implicarse. Es el papel que le toca cumplir ahora. Aunque matiza "Tanto como embajadora no diría. Simplemente soy una ciudadana a la que le preocupa el mañana para las generaciones venideras, a la que no le gusta nada cómo está el panorama político y social y que desea con mucha firmeza que todo esto cambie", afirma.

Sé lo que quiero y cómo lo quiero

Preguntada por lo que ha cambiado en ella después de participar, Vallejo no afirma haber experimentado una transformación personal profunda. "No creo que yo haya cambiado en nada, pero sí veo de forma diferente las necesidades de los demás y las creencias que tenía de que en ciertos países se vivía mejor que aquí. Me he dado cuenta de que casi todos tenemos las mismas inquietudes, vengamos de donde vengamos", explica.

Esa conclusión es uno de los aprendizajes más relevantes que extrae de su experiencia. La diversidad de nacionalidades no impidió encontrar preocupaciones comunes. Por el contrario, le permitió comprobar que las dificultades relacionadas con la educación, la igualdad, los derechos sociales o la representación política atraviesan fronteras.

Con esta valoración tan positiva de la experiencia, no es de extrañar que Vallejo crea que esa experiencia debería trasladarse a las instituciones españolas "la posibilidad del ciudadano de a pie de dar su opinión haría que quizá las cosas funcionasen un poquito mejor para todos y no solo para unos pocos", afirma.