La Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid ha aprobado este jueves, 26 de febrero de 2026, el Plan de Acción en Materia de Contaminación Acústica (PAMCA), una hoja de ruta ambiciosa que posiciona a la capital como referente mundial en la lucha contra el ruido urbano.
El Ayuntamiento presume de haber reducido un 80 % la población expuesta a niveles altos de ruido desde 2006. Desde 2016 la caída es aún más espectacular: más del 50 % menos de madrileños molestados por la noche y un 40 % menos de día y al atardecer. En el ranking europeo nocturno, Madrid humilla a Viena (-26 puntos), París (-21) o Berlín (-6) en población afectada por tráfico rodado.
Pero el plan no se conforma con las palmaditas en la espalda. Multiplica por tres las zonas tranquilas protegidas (de 8 en 2009 a 24 ahora): Retiro, Casa de Campo, Dehesa de la Villa, Juan Carlos I, corredores verdes y barrios residenciales “silenciosos” de Valdebebas y Ensanche de Vallecas pasan a ser intocables. El mensaje es claro: quien moleste ahí lo va a pagar caro.
Y luego viene la parte más polémica: 33 puntos negros de la ciudad señalados para recibir “actuaciones correctoras” inmediatas. Entre los señalados están nombres que van a levantar ampollas: Paseo de la Castellana (la arteria más emblemática y ruidosa), Avenida de la Ilustración, M-30 (varios tramos), Calle Bravo Murillo, Calle Velázquez, General Ricardos …y otras 27 que no se salvan.
Las medidas que se avecinan incluyen pantallas acústicas gigantes, asfaltos “anti-ruido”, más radares de velocidad, restricciones al tráfico pesado, obligación de neumáticos silenciosos, electrificación forzosa de flotas y, en algunos casos, reducción drástica de carriles o incluso cortes parciales.
A esto se suma el impacto de las megaconstrucciones en curso. El soterramiento de la A-5 (que elimina el 90 % del tráfico en superficie y “libera” a 4.300 personas del ruido infernal) y la cubrición de la M-30 en Ventas (que derriba la barrera entre Salamanca y Ciudad Lineal). Obras que muchos vecinos aplauden, y otros muchos maldicen por las molestias durante años.
El plan también aprieta al ocio nocturno con más inspecciones en ZPAE (Gaztambide, Centro, Azca-Brasil, Trafalgar-Ríos Rosas), control estricto de terrazas, grandes eventos y discotecas, y campañas que algunos ya llaman “el fin de la fiesta madrileña”.
Todo ello enmarcado en Madrid 360, con más autobuses eléctricos, carriles Bus-VAO, BiciMAD por todas partes, SER ampliado hasta el infinito, zonas de bajas emisiones más estrictas y ayudas Cambia 360 que premian el coche eléctrico y castigan al diésel viejo.