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Hidrógeno renovable: ¿El combustible del futuro?
Se trata de una opción que permite un repostaje rápido, una mayor autonomía y cero emisiones a la atmósfera
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El hidrógeno renovable, combustible versátil, eficaz y abundante - especialmente en nuestro país, gracias a la gran disponibilidad de recursos solares y eólicos-, renovable y ecológico (supone la ausencia de emisiones al medio ambiente) se constituye como una de las alternativas al alza como fuente de energía para los vehículos a motor (es uno de los principales vectores energéticos para alcanzar la descarbonización de la economía) y en la que ya trabajan desde El Ministerio para la Transición Ecológica y múltiples compañías del mercado de producción, con el fin de que las estaciones de servicio cuenten con puntos de repostaje para esta clase de automóviles.

La recarga tiene una duración de entre tres y cinco minutos, proporcionando una autonomía de entre 500 y 600 kilómetros, con cero emisiones. Un automóvil de hidrógeno fabrica su propia electricidad cuando este elemento entra en contacto con el oxígeno del aire, reaccionando en una pila de combustible, que impulsa el motor eléctrico, emitiendo solamente agua pura, con salida a través del tubo de escape.

Liderazgo en tecnología

Repsol, primer productor y consumidor de hidrógeno en España -que emplea este gas desde hace décadas en sus diferentes negocios- anunciaba en octubre del año pasado, durante la presentación de su estrategia de hidrógeno hasta 2030, que invertirá 2.549 millones de euros y la instalación de una capacidad de 1,9 GW hasta 2030 para impulsar esta alternativa con la finalidad de liderar el mercado en la Península Ibérica y situarse como un productor relevante en Europa. Comunicó, del mismo modo, que ubicará plantas de electrolizadores en el entorno de sus complejos industriales; el primero de ellos, situado en su refinería de Petronor, entrará en funcionamiento durante el segundo semestre de este año.

Por otro lado, Repsol está adaptando sus infraestructuras de producción de hidrógeno convencional para la obtención de hidrógeno renovable a partir de biogás, empleando distintas tecnologías vinculadas con la economía circular, entre otras. De este modo, será capaz de producir hidrógeno a partir de residuos orgánicos de diferentes procedencias, como los residuos urbanos, biomasa o distintos subproductos de industrias agrícolas y ganaderas. En otros segmentos de la movilidad, como el transporte ferroviario, el hidrógeno jugará igualmente un papel protagonista, ya que se visualiza como una solución libre de emisiones, especialmente en aquellas líneas de la red secundaria que no han sido electrificadas.

A partir de 2030, el hidrógeno podría ser una alternativa para el transporte pesado mientras que, para el vehículo ligero, la electrificación representará una opción competitiva a medida que se desarrollen las tecnologías de pila de combustible.

Para Manel Montero, director general de Grupo Moure, esta modalidad es una alternativa “ideal” al combustible actual, aunque advierte de que no tendrá resultados significativos hasta 2035, si bien, “se habla de introducir esta tecnología en los vehículos a partir del 2028”.Montero destaca las ventajas del combustible de hidrógeno, una opción que considera “óptima para almacenar energía a largo plazo y permitir una movilidad sin emisión de dióxido de carbono”. Además, “puede transportarse y almacenarse a gran escala con relativa facilidad, cosa que no sucede con otras alternativas a la movilidad como es la electromovilidad”, señala.

El reciente paquete regulatorio lanzado por la UE, Fit for 55, apoya asimismo el despliegue del hidrógeno renovable, con medidas que contemplan por ejemplo el establecimiento de cuotas mínimas de uso en 2030 (al menos un 50% en la industria, cuota del 2,6% en combustibles renovables de origen no biológico y del 0,7% en combustibles sintéticos para aviación). En España, el objetivo marcado por la Hoja de Ruta del Hidrógeno publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico apunta hacia los 4 GW de capacidad instalada en 2030, para lo que el Gobierno financiará su desarrollo con 1.550 millones de euros procedentes de los fondos Next Generation hasta el año 2024. Con el objetivo de acelerar el proceso de transición energética, se priorizarán las instalaciones de biomasa así como aquellas que supongan la sustitución de combustibles fósiles por alternativas menos contaminantes.