Palabra de gordo: lo de fumar se ha terminado, amigo.
La política suele sonar a mierda.
Corrupción, broncas, partidos, cargos, sillones, unos diciendo que los otros son unos sinvergüenzas y los otros explicando que los primeros son todavía más sinvergüenzas.
Y entonces, de vez en cuando, conoces a alguien que te recuerda que la política también puede ser otra cosa.
A mí me pasa con Salomón Aguado.
Alcalde de Pinto.
Y, probablemente, uno de los mejores alcaldes que he conocido personalmente.
No lo digo porque sea del PP. Si mañana cambia las siglas por las del Partido Comunista Revolucionario de Pinto, seguiría pensando exactamente lo mismo.
Lo digo por algo bastante más difícil de encontrar en política: compromiso, responsabilidad, humildad y disposición a ayudar.
Salomón es de esas personas con las que hablas y durante un rato consigues olvidarte de que estás hablando con un político.
Y hablo con él muchas tardes.
Un día de Pinto. Otro de empresas. Otro de algún problema. Otro de política. Y otras veces simplemente de esas gilipolleces de las que terminamos hablando dos personas cuando ya se conocen lo suficiente como para no tener que estar permanentemente representando ningún papel.
Escucha.
Pregunta.
Contesta.
Y cuando puede ayudar, ayuda.
Parece una gilipollez.
Pero, visto el panorama, casi debería incluirse en el currículum como un máster.
Y además tiene algo que para mí define bastante bien a un buen alcalde: cuando habla de Pinto, parece que está hablando de su casa.
Que quiere que funcione.
Que quiere que prospere.
Que quiere dejarla un poquito mejor de como se la encontró.
Y eso contagia.
Porque yo hablo con Salomón y me pasa una cosa muy rara:
me entran ganas de ser alcalde de mi pueblo.
Luego se me pasa.
Afortunadamente.
Pero durante diez minutos pienso: «Coño, pues debe ser bonito levantarte por la mañana y tener la responsabilidad de conseguir que el lugar donde vives funcione un poquito mejor».
Y eso, Salomón, tiene bastante mérito.
Ahora has tenido un susto importante.
El Ayuntamiento ha comunicado públicamente que has sufrido un accidente cerebrovascular y que permaneces consciente, orientado y estable, guardando reposo.
Así que, querido amigo, tenemos un pequeño problema.
Porque conozco tu concepto de «reposo».
Y sospecho que se parece bastante al concepto de «dieta» que he utilizado yo durante muchos años.
Una interpretación flexible del castellano.
Pues no.
Ahora reposo significa reposo.
El Ayuntamiento puede sobrevivir unos días sin ti.
Pinto también.
Aunque te cueste creerlo.
Y los que hablamos contigo habitualmente podemos sobrevivir perfectamente unas tardes sin nuestras conversaciones.
Así que haz el favor de estar quietecito.
Además, seguro que Ayuso hasta te reza algo.
No sabemos exactamente el qué.
Ni cuánto.
Ni si entre reunión y reunión le da tiempo a un padrenuestro entero o tiene que dejarlo en dos avemarías y continuar mañana.
Pero algo caerá.
Y como entre todos consigamos que funcionen médicos, familia, amigos y ayuda celestial autonómica, te tenemos otra vez dando guerra en Pinto antes de que te des cuenta.
Y aquí viene la parte que demuestra que incluso ingresado sigues teniendo un problema serio:
los periodistas preguntamos por ti y tú nos mandas dónuts a la redacción.
Salomón…
Que el enfermo eres tú, coño.
Normalmente esto funciona al revés.
Nosotros tendríamos que mandarte algo a ti.
Aunque, pensándolo detenidamente, mandar dónuts a una redacción quizá sea una de las inversiones con mayor retorno mediático de la historia de la política municipal española.
Así que:
GRACIAS POR LOS DÓNUTS.
Nos los vamos a comer.
Todos.
Por responsabilidad institucional, naturalmente.
No vamos a hacerte el feo.
Pero cuando salgas de ahí tenemos que hablar seriamente.
Porque te voy a invitar a comer.
Y ya te aviso del menú:
poke de verduritas salteadas, sésamo y una kombucha ligerita de manzana.
Vas a salir de allí tan sano que no vas a reconocerte.
Y, sobre todo…
lo de fumar se va a terminar, amigo.
Palabra de gordo.
Que posiblemente no sea la certificación sanitaria más prestigiosa de España, pero precisamente por eso tiene una enorme autoridad moral en estas cuestiones.
Mira quién te lo está diciendo.
Ahora descansa.
Recupérate.
Haz caso a los médicos.
Y vuelve cuando tengas que volver, no cuando el alcalde que llevas dentro decida que ya ha descansado suficiente.
Porque alcaldes hay muchos.
Políticos, muchísimos más.
Pero personas que consiguen que alguien como yo mire la política municipal y piense «joder, así sí dan ganas de ser alcalde», bastantes menos.
Y quizá ese sea el mejor elogio que puedo hacerte.
En un tiempo en el que la política consigue que demasiada gente quiera alejarse de ella, tú consigues que apetezca participar.
Ponte bueno, Salomón.
Pinto te espera.
Nosotros también.
Y gracias otra vez por los dónuts.
Los próximos los llevo yo.
Eso sí…
sin azúcar.
Bueno…
Tampoco nos volvamos gilipollas.