Lo ha dicho Paula Echevarría y han sido sus comentarios los que han dado la vuelta en redes sociales, pero no sería justo poner el foco en la actriz cuando el discurso que reproduce ni es nuevo ni ha resurgido de la nada. Hemos hablado ya muchas veces de la vuelta de la extrema delgadez y de cómo aquellos que ansían establecer su nuevo orden social y atrasar el mundo con esta ola ultraderechista han jugado bien las cartas en esto del social media. Nos han colado como disciplina una esclavitud en la que nos creemos nuestras propias dueñas mientras vamos ocupando cada vez menos espacio, no solo en nuestros pantalones, también en el discurso y el espacio público.
Aunque se trata de un pack indivisible, si nos centramos únicamente en la cuestión estética, el hecho de que alguien como Paula Echevarría ignore que el ideal de la delgadez está en auge demuestra lo peligroso que puede llegar a ser este juego en el que millones de adolescentes y chicas muy jóvenes entran a diario.
“Comen como animales”, decía la influencer en una entrevista hablando sobre creadoras de contenido “muy jovencitas” con las que coincidía en eventos, como si el hecho de, simplemente, verlas comer en público, ya sea mucho o poco, anule totalmente el efecto de los discursos con los que nos bombardean en redes sociales y que pretenden reducirnos a delicadas y ligeras clean girls en un mundo que vira peligrosamente hacia el conservadurismo más rancio y donde ya no importa lo que pensemos ni lo que tengamos que decir.
Ya no hay referentes con diversidad de cuerpos. Hay que rebuscar para encontrar alguna que todavía podamos rescatar de la era del body positive. Proponer como ejemplos fuera de la normatividad a Shakira o Karol G por “ser cañones del colorado que no se meten en una 34” solo es una muestra más del punto al que hemos llegado casi sin darnos cuenta.
Mal vamos cuando normalizamos el hecho de entrenar bajo el amparo de la salud, pero luego contamos con orgullo y una media sonrisa que también podemos comernos “una bolsa de patatas”, porque sí porque somos unas rebeldes, chicas. La única lectura buena que se puede sacar de esta charla que, por otra parte, podría haber sido sacada de cualquier conversación diaria, es que hubo muchas reacciones negativas al mensaje que se reprodujo y que, en esta ocasión, nos llegó por parte de una mujer con un impacto muy alto en el mundo del entretenimiento.