MADRID | Nos están enterrando vivos y llorar no sirve de nada

Miles de muertos y miles de millones en pérdidas no nos pararán. Madrid saldrá adelante gracias a los madrileños, no a sus dirigentes

Miles de muertos y miles de millones en pérdidas no nos pararán. Madrid saldrá adelante gracias a los madrileños, no a sus dirigentes

La Comunidad de Madrid y el Gobierno central siguen sin ponerse de acuerdo.

Imagen: Redacción

Queridos lectores:

 

Este mes el nivel de cabreo que se percibe en nuestra región es soberbio. La legión de incompetentes que alimentamos de nuestro trabajo no hace más que proferir gilipolleces, tonterías y demás sandeces que, lejos de ayudar en estos momentos, pone de manifiesto el cambio de modelo económico al que, en los próximos años, se va a someter el mundo. 

 

La tecnología avanza sin mirar atrás y, o despertamos o pasará el tren de crear una nueva democracia que regule nuestra libertad. La que vivimos está obsoleta. Facebook y las redes de masas la han estocado. Nuestros padres y abuelos forjaron nuestro espacio de libertad. Ahora, cuando pase la guerra del Covid-19, hemos de forjar nosotros la de nuestros hijos y nietos. 

 

Todo es una gran farsa política que ellos, los que en su mayoría no saben vivir de otra cosa que de lo público, lo común, lo que nos pertenece a todos han creado. Amplifican al máximo exponente la crisis para hacernos creer que, realmente, su incompetencia es debida a la gran complejidad de los temas que abordan. 

 

Seguramente, hay cuestiones complejas y con un nivel de incertidumbre científica alto, pero la cuestión no es esa. La cuestión es: ¿por qué los mandos intermedios en las diferentes disciplinas (directores, gerentes y consejeros) son cargos políticos y no son cargos cualificados? 

 

Un ministro de sanidad o un consejero deben ser políticos, evidentemente, pero de ahí para abajo no puede haber una legión de asesores, directores, gerentes, responsables etc. afines a las maquinarias políticas. Enchufados, vamos, que lejos de hacer el trabajo de un Ministerio de Sanidad o una Consejería, se dedican a velar por la imagen e idoneidad política de las medidas, torpedeando las cuestiones realmente importantes: científicas, a nivel sanitario y económico. Eso sí, a 70.000 impuestos, perdón, euros. Muchos 70.000 para muchos afines. 

 

Parece que quieren amplificar el virus para hacernos más pobres y dependientes de sus torticeras políticas sociales. Por esto, esta democracia está muriendo. Sin libertad y criterio no puede existir. 

 

Si tú me das de comer, no soy libre. Si te critico, me quitáis el pan, ¿lo entendéis? 

 

Va en contra de la evolución humana. Se perpetúan los líderes equivocados. Desde luego, la dignidad de las personas no podréis comprarla siempre. Me cuesta creer que, en un sistema donde se supone que la escuela es la piedra angular del progreso, cada vez haya más clase pobre y clase rica, ¿dónde está quedando la gran clase media? Algo esta ‘crasheando’. 

 

Valga esta reflexión tanto para el Presidente como para la Presidenta.  Lo fácil ha sido cerrar el espacio económico de Madrid con la gran pérdida de credibilidad institucional hacia el Gobierno de Ayuso que mantiene un pulso entre Salud corporal y Salud Económica, aún sabiendo todos de la tardanza y mediocridad de sus medidas. 

 

Y con una pírrica expresión de fuerza del Gobierno de Sánchez, incapaz de asumir la responsabilidad de Gobierno en la quiebra económica de la capital y que ha primado la Salud Corporal frente a la Salud Económica porque, sencillamente, le venía bien en las encuestas. ¿No habría sido mejor reconocer todos desde un principio que una de las pocas competencias que tiene la Sanidad a nivel nacional es, precisamente, ésta, las pandemias? 

 

Es un modelo diametralmente opuesto y con ecuaciones diferentes, pero de fácil resolución, solo había que ponerse a trabajar en conjunto y en junio, no en septiembre, y jodiéndose sin vacaciones, como la mayoría de los pobretones a los que queréis proteger, jajaja.  

 

Y comiendo poco, por cierto, que agudiza el ingenio. Las mariscadas y el Albariño no ayudan mucho, más que a dormir la modorra. Este parece realmente el problema: la opulencia cotidiana y agasajo sonoro al que estáis sometidos todos los días, os lastran de ver la realidad.  Este último problema, también, me afecta a mí… soy comilón. Por eso, lo digo y hablo con conocimiento de causa. 

 

Lo único que yo no dirijo un país o una comunidad como la de Madrid. Si así fuere, me pondría a dieta!! di, e, ta...

 

Para los que les guste la historia, actualicemos el lema del despotismo: “Todo para ellos, pero que no molesten y, menos, opinen. Si son tontitos, echadles pan, tragarán”. 

 

Cuando terminen de leer este artículo, ¿sabéis lo que dirán? “Una mariscada, ¡¡por favor!! Con Centolla. Dile a tu jefe que lo cargue a la tarjeta del partido o a la otra”. 

 

¡¡Joder, qué hambre me ha dado!!



Esta democracia está muriendo. Sin libertad y criterio no puede existir

 

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