REGIONAL | Volver a la normalidad más conscientes

Opinión de Patricia Ciruelos, Coach, experta en Mindfulness y Comunicación

Opinión de Patricia Ciruelos, Coach, experta en Mindfulness y Comunicación

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Con la globalización, hemos pasado las últimas décadas antes del Coronavirus, entendiendo que la felicidad se trata de una búsqueda basada en conseguir objetivos, bienes materiales o acumular experiencias. 

 

Todos tenemos una búsqueda en nuestro interior. Buscamos quizás un sueño, una pareja, un mejor trabajo o simplemente encontrarnos bien. Esto, por sí solo no tiene por qué ser malo. Es bueno tener aspiraciones. El problema radica cuando nosotros mismos nos entrampamos en una gran rueda de hámster de la que es difícil salir: acabar la carrera, tener un trabajo, comprar una casa, tener un hijo, comprar una casa más grande, cambiar de trabajo para poder pagar la casa, para pasar a tener menos tiempo libre para ti y para tu familia. ¿Te suena? La búsqueda continúa, se acelera y cada vez es más y más difícil salir. 

 

Según vamos consiguiendo eso que buscamos, conseguimos cierta satisfacción momentánea pero inmediatamente después, más allá de disfrutar de la meta, ya nos focalizamos en la siguiente búsqueda. Y de nuevo, el vacío…

 

Hasta que un día nos dicen que hay un virus que viene de Asia y vemos que la gente muere y tenemos que quedarnos en nuestras casas, a solas con nosotros mismos, pero, esta vez, sin poder seguir nuestra búsqueda, que pasa a un segundo plano pues ahora el objetivo es sobrevivir.

 

En ese tiempo entre paréntesis muchos aprendimos a volver a jugar con nuestros hijos, a hacer ejercicio a diario, a hacer pan y a poner en valor el poder juntarnos con los nuestros. Aprendimos a vivir con presencia, a ser más que a tener y a saborear cada momento, viviendo cada día, uno cada vez, como el regalo que es.

 

 

 



Es cuestión de hacer lo mismo pero poniendo intención consciente

No cabe ninguna duda de que la pandemia del Coronavirus nos ha puesto a prueba. Nos ha enfrentado a todos y cada uno de nosotros con el miedo, nos ha hecho reeducar nuestros hábitos para asegurar nuestra supervivencia, pero, sobre todo, nos ha hecho parar esa incesante búsqueda para ponernos cara cara frente al espejo de nuestra vida y cuestionarnos si el ritmo que llevábamos hasta ese momento, era el adecuado. La pregunta que parece ahora inevitable es: ¿hemos aprendido algo de este parón?

 

Ahora que parece que cierta normalidad de nuevo se hace presente en nuestras vidas, da la sensación de que de nuevo la rueda de hámster se pone en marcha. Pero antes de que coja ritmo ¿qué tal si nos planteamos si es esto realmente lo que queremos?

 

Hemos aprendido que parar nos ha permitido ver las cosas desde otra perspectiva, nos ha conectado con nosotros mismos y con lo que de verdad nos parecía importante. También, que esa incesante búsqueda nos impedía poder disfrutar de lo que teníamos justo delante. 

 

¿Y si cambiamos el planteamiento? ¿Y si en lugar de adentrarnos de nuevo en la búsqueda nos centramos en atesorar todo lo aprendido? ¿Y si comenzamos a caminar en lugar de correr para poder ver el paisaje o simplemente para llevar tranquilamente de la mano a nuestros hijos al cole? ¿Y si nos centramos en vivir con presencia cada momento, en vivir todo lo que ya hay, sentir todo lo que sientes y en ser todo lo que ya eres? Es cuestión de hacer lo mismo pero poniendo intención consiente. Solo cuando pones tu intención en vivir el momento presente y en estar en contacto contigo, aprendes a aceptar la realidad, a ser flexible, a amarte y aceptarte tal y como eres y también a amar y aceptar a los que te rodean. Aprendes a actuar desde el amor y a dejar de reaccionar por miedo, aprendes a estar con tu verdadera esencia y desde ahí, tienes a tu alcance todos esos recursos que te ayudarán sin duda a conseguir todo eso que buscas, pero sin olvidarte de disfrutar en el camino.

 

Porque volver a la normalidad y a recuperar nuestras vidas es maravilloso, pero, sobre todo, lo es bajarnos de la rueda en la que estábamos metidos de forma consciente: disfrutando de cada nuevo día como un regalo, pero, sobre todo, viviendo cada momento tal y como es, único e irrepetible.

 


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