Javier Padilla ha sido claro: el Ministerio de Sanidad abre la puerta a que se pueda dispensar cannabis "medicinal" en las farmacias. Así lo señaló el secretario de Estado de Sanidad durante una jornada de la Sociedad Española del Dolor (SED) donde aseguró que, "después de un periodo inicial de dispensación en el ámbito hospitalario, puede abrirse al ámbito de la oficina de farmacia comunitaria". Una medida recogida en el BOE, en el Real Decreto 903/2025 que se pretende revisar a finales de este año.
A este respecto, Padilla recordó que esta propuesta responde a un mandato de la propia Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados, "es una regularización que pretende ser estricta en su inicio", pero "nace con capacidad de adaptación". Si bien es cierto que el secretario de Estado rechazó la venta de cannabis con fines recreativos, sus declaraciones en cuanto a los límites de uso dejaron una estela de dudas.
Varias sociedades científicas como la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides o la Sociedad Española del Dolor se han pronunciado sobre el empleo medicinal del cannabis señalando una evidencia científica para su uso en situaciones concretas como las nauseas y los vómitos derivados de la quimioterapia. Sin embargo, también advierten de la falta de ensayos clínicos a gran escala que aporten evidencia científica sobre el uso de esta sustancia en algunas indicaciones que se promocionan como la ansiedad o el insomnio.
Otro estudio que ha sido revelador en este contexto es la Revisión Cochrane 2026: "Cannabis para el dolor neuropático". Los expertos analizaron 21 ensayos clínicos (más de 2.000 adultos) y concluyeron con que no había una evidencia científica de calidad alta que demuestre que el uso del cannabis sea más eficaz que el placebo para el alivio del dolor. Este artículo ha servido para que muchas sociedades médicas mantengan su postura de "uso excepcional" y solo cuando otros tratamientos han fallado, advirtiendo que los beneficios suelen ser pequeños frente a los efectos secundarios.
No obstante, los miedos existentes se centran principalmente en que el cannabis es una sustancia farmacológicamente compleja (tiene más de 100 cannabinoides distintos) y sus efectos a largo plazo en el organismo aún guardan incógnitas, sobre todo psíquicas. Esta es la preocupación principal de grupos de expertos como la Sociedad Española de Psiquiatría, desde donde consideran que existe evidencia de que el THC puede desencadenar brotes psicóticos o adelantar la aparición de esquizofrenia en personas con predisposición genética.
También hay dudas acerca de lo que se conoce como la "ventana terapéutica", es decir, esa distancia entre la dosis que cura y la dosis que intoxica; además del posible deterioro cognitivo que pueden acarrear estas sustancias, sobre todo en cerebros que aún se están desarrollando (hasta los 25 años) y donde el daño puede ser irreversible.