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"Caminar es vivir": ruta de El Piul, senderismo en Rivas
Una ruta lineal de 12,6 km con un mirador natural con vistas al Parque Regional del Sureste.
Rivas Vaciamadrid |

A tan solo 20 kilómetros de la Puerta del Sol, se alzan los cortados de El Piul, una elevación mesetaria enclavada en el Parque Regional del Sureste, en el municipio de Rivas Vaciamadrid. Una ruta lineal de algo más de 12 kilómetros permite disfrutar de este mirador natural, donde los acantilados se precipitan sobre la vega del río Jarama y las lagunas de El Campillo y de Velilla (El Raso, El Picón y El Soto).

Estos cuatro embalsamientos surgieron en el último cuarto del siglo XX tras el cese de la extracción de áridos en el lugar. Las lagunas que contemplen caminantes o ciclistas en esta marcha no son naturales, sino propiciadas por la actividad minera. Hoy están catalogadas como humedales protegidos por la Comunidad de Madrid. Y aunque el río Jarama merodea por sus orillas, no se abastecen de su corriente, sino de flujos subterráneos.

Esta ruta panorámica propone bordear los acantilados de El Piul por su cota más elevada en sentido sur-norte, divisando desde la balconada, y siempre con perspectiva aérea, la laguna de El Campillo primero y luego las tres de Velilla (El Raso, El Picón y El Soto).

El itinerario sale del aparcamiento público del polideportivo municipal Parque del Sureste. Y termina, tras coronar el cerro del Telégrafo, en la avenida de Pilar Miró o cualquier calle adyacente. A ritmo pausado, suponen 3:30 horas de pateo con un desnivel suave y progresivo de 239 metros. Para quien tenga costumbre senderista, nivel fácil. No presenta dificultades técnicas.

Al tratarse de una ruta lineal, se requiere disponer de dos vehículos en salida y llegada, utilizar el transporte público o, a quien le alcancen las fuerzas, retornar por donde se vino o por el casco urbano, opción que estira la marcha hasta los 25 km. No hay fuentes ni sombras en el trayecto, excepto pequeños trechos por el joven pinar repoblado del cerro del Telégrafo, ya al final de la jornada. Por eso no se aconseja emprender el pateo en fechas calurosas y soleadas, especialmente si el día ya está avanzado.

Alrededor de las superficies acuáticas se extienden los campos de Arganda, Velilla, Loeches y Rivas, que entretejen una acuarela de llanuras agrícolas que explotan de color cuando llega la primavera, probablemente la mejor época para el disfrute visual (abril y mayo), pues con los calores se agosta el terreno, el verde se apaga y todo se reseca y amarillea.

Río, lagunas, barrancos y acantilados brindan refugio a rapaces y aves acuáticas: hasta 150 especies dicen los estudios oficiales que habitan en estos parajes. Algunas son huéspedes itinerantes en sus viajes migratorios entre los continentes europeo y africano.

PARQUE REGIONAL DEL SURESTE

Todo este paisaje se integra en el Parque Regional del Sureste, uno de los tres espacios naturales con tan elevada categoría existentes en la Comunidad de Madrid. Los otros dos son el del Curso Medio del Río Guadarrama y el de la Cuenca Alta del Manzanares.

El río Manzanares, por cierto, es tributario del Jarama y confluye con él en Rivas Vaciamadrid, bajo otros cortados: los del cerro de Coberteras, al sur de la A-3; ahora estamos al norte de la autovía. Ya con un grado superior de protección medioambiental, Madrid cuenta con el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

Dos vértices geodésicos nos salen al paso en este recorrido de 12,6 kilómetros: el del Campillo (671 m y 1:20 horas de pateo) y el del cerro del Telégrafo, modesta cumbre y techo ripense con sus discretos 699 metros de altitud (3:10 h), y en cuyas inmediaciones concluye el paseo.

Este último promontorio recibe el nombre por albergar hace ya más de siglo y medio una de las torres de la línea de telégrafo óptico que comunicaban Madrid y Valencia, que solo funcionó entre 1850 y 1855. La de Rivas era la estación número 3. La cabecera se ubicaba en el castillete del parque del Retiro, que conectaba visualmente con la segunda torre, la del cerro Almodóvar, en Vallecas. Esta transmitía a Rivas que, a su vez, enlazaba con la de Arganda (torre del Campillo, que se conserva íntegra). Así hasta alcanzar la ciudad mediterránea tras un despliegue de 30 torreones.

Este paisaje se integra en el Parque Regional del Sureste, uno de los tres espacios naturales con tan elevada categoría existentes en la Comunidad de Madrid.

SALIDA, LAGUNA Y ACANTILADOS

La caminata, ya se ha dicho, sale desde el aparcamiento público del polideportivo municipal Parque del Sureste (salida km 19 de la A-3 desde Madrid), el más próximo a la pista de frontenis. Junto a la puerta metálica de acceso a la trasera del complejo deportivo, surge un camino bien visible que nos guía hasta el inicio de los cortados. Al llegar a ellos, si asomamos la cabeza un poco más allá del camino, la laguna de El Campillo se despliega con su inmensidad plateada.

La senda, que ahora es pista y la transitan ciclistas (cuidado cuando se aproximan con velocidad), remonta en sentido este y siempre a distancia más que prudente del precipicio. Según se gana altura, mejora la perspectiva. Y conviene echar la vista atrás: al otro lado de la A-3, al poniente, se despliega el cerro de Coberteras, a cuyos pies se unen los ríos Jarama y Manzanares (Soto de las Juntas) y se desenrollan las lagunas del Porcal y de las Madres.

Al poco, tras 1,2 kilómetros de marcha, toca bordear a izquierda el barranco que se yergue a espaldas de la fábrica de Pacadar, mastodóntico mamotreto que vemos abajo afeando la orilla norte de la laguna de El Campillo. Por estas alturas, tiene el terreno un aire familiar al desierto almeriense o el zaragozano de los Monegros, con sus torrenteras y descolgaderos y vegetación baja.

Abajo, aunque sin guía que oriente no se divisa, se encuentra la zona de excavación arqueológica de trincheras y posiciones republicanas de la guerra civil que el Ayuntamiento encargó estudiar en 2018 al Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), perteneciente al Centro de Investigaciones científicas (CSIC). Y siempre a nuestra derecha, al fondo, la localidad vecina de Arganda del Rey. Y más allá, y según avancemos, los núcleos urbanos de Campo Real, Loeches, Torres de la Alameda, Velilla o Mejorada del Campo.

CAMPOS AGRÍCOLAS Y GEODÉSICO

En mayo todo florece. Pero en cuanto llegue la canícula, las malas hierbas crepitarán de aridez y se marchitará el lugar. Casi sin darnos cuenta, el camino dobla a izquierda por el puntal que trazan aquí los cortados (3,40 km). Cambiamos de rumbo y nos posicionamos dirección norte (a nuestra zurda), disfrutando de las primeras vistas de la finca de El Piul, planicie agrícola que se extiende cual alfombra con sus cultivos en círculo. Allende se otea la localidad de Velilla de San Antonio.

Después de 1.20 horas de andada, tocamos el vértice geodésico de El Campillo (671 m y 5,15 km), uno de los tres existentes en el municipio: los otros se ubican en el cerro del Telégrafo, que tentaremos en algo menos de dos horas, y el en el cerro de Coberteras. Casi al frente, asoma ya una de las tres lagunas de Velilla, la de El Picón.

A partir de aquí, para quien vaya a pie, lo mejor es seguir por el sendero que discurre unos metros más debajo de la pista, a nuestra derecha, evitando el paso de ciclistas. Las vistas son magníficas y poco a poco nos aproximamos a las otras dos lagunas: El Raso y El Soto. Los mejores balcones: un par de salientes del camino (uno el km 6,90 de ruta; el otro, en el km 8).

El sendero sale de nuevo a la pista, que se embosca en la pinada de jóvenes ejemplares, indicativo de que nos acercamos al cerro del Telégrafo. Desembocamos en un cruce, que cogemos a derecha (km 8,50), hasta dar con las traseras de los chalés de la calle de Pilar Bardem (km 9,80).

LAS ESCALERAS DEL CERRO

En este punto, se presentan varias opciones para elevarse al cerro del Telégrafo. Uno puede ser el célebre tramo de escaleras, que con 166 peldaños de traviesas de madera recuerdan el suplicio penitente de subida a un templete budista del sudeste asiático.

Tras merodear por el cerro, que suele estar transitado por familias, alcanzar el vértice geodésico (3.10 horas de marcha y unos 11,5 km) y disfrutar de las panorámicas de la capital y la sierra que se pueden encontrar en diversos puntos del altozano, toca descender hasta cualquier calle de las inmediaciones para dar por concluida esta ruta que nos asoma al balcón de la vega del Jarama y de las lagunas de El Campillo y de Velilla.

"No lo duden, pónganse el calzado adecuado y salgan a caminar, porque caminar es vivir."