En muchas familias del noroeste de Madrid, especialmente en municipios como Pozuelo, se repite una escena aparentemente tranquilizadora: hijos responsables, buenas notas, agendas llenas de actividades extraescolares y una vida que parece funcionar. Desde fuera, todo parece ir bien. Sin embargo, cada vez más adolescentes y jóvenes conviven con una ansiedad que no siempre se ve, pero que el cuerpo acaba expresando.
Dolores de cabeza frecuentes, molestias digestivas, dificultad para dormir, irritabilidad o una sensación constante de no llegar a todo son algunas de las señales de lo que muchos profesionales describen como ansiedad silenciosa. No suele manifestarse con grandes crisis visibles ni con comportamientos disruptivos. Al contrario: aparece en jóvenes que cumplen, que se esfuerzan y que rara vez “dan problemas”. Precisamente por eso puede pasar desapercibida durante mucho tiempo.
El médico y psiquiatra Gabor Maté propone una mirada cada vez más presente en la clínica: los síntomas físicos no siempre son un error del organismo, sino mensajes del cuerpo cuando ciertas necesidades emocionales han quedado relegadas.
Muchos adolescentes aprenden muy pronto a adaptarse a lo que se espera de ellos. Ser responsables, cumplir objetivos, rendir bien en el colegio o el instituto, no generar conflictos. Ese aprendizaje puede traer reconocimiento y aprobación, pero también puede implicar un coste emocional: emociones como el miedo, la tristeza, el enfado o el cansancio quedan muchas veces en segundo plano.
Cuando esas emociones no encuentran espacio para expresarse, el cuerpo puede terminar haciéndolo por ellas. Dolores físicos, tensión constante, bloqueos o agotamiento aparecen entonces como una forma de expresión del sistema nervioso.
La ansiedad silenciosa suele estar relacionada con un estado de activación prolongada del sistema nervioso. No se trata siempre de ansiedad intensa o ataques de pánico. En muchos casos se vive como un ruido de fondo constante:
• Preocupación anticipatoria
• Dificultad para desconectar
• Sensación de presión permanente
• Culpa cuando no se está siendo productivo
En adolescentes esto puede manifestarse como perfeccionismo extremo, irritabilidad, cambios bruscos de humor o dificultades para concentrarse. El cuerpo y mente forman una misma unidad que puede desregularse cuando existe estrés sostenido o una carga emocional prolongada.
Cuando el sistema nervioso permanece demasiado tiempo activado, el organismo puede oscilar entre dos estados: hiperactivación (ansiedad, tensión, inquietud) o agotamiento (bloqueo, apatía, falta de energía).
El contexto actual tampoco ayuda. Las pantallas, las redes sociales, la comparación constante, la presión académica y las agendas saturadas forman parte de la vida cotidiana de muchos adolescentes en Pozuelo, con alta exigencia académica, múltiples extraescolares y un uso intenso de tecnología.
Para el sistema nervioso, muchos de estos estímulos funcionan como pequeñas amenazas repetidas. Cada notificación, cada examen, cada expectativa puede activar la misma respuesta biológica de alerta. Cuando no existen espacios suficientes para el descanso real, el juego, el aburrimiento creativo o la conexión emocional segura, el organismo puede quedar atrapado en una sensación constante de urgencia.
En estas condiciones, síntomas como mareos antes de un examen, dolores abdominales antes de ir al colegio o tensión muscular persistente se vuelven cada vez más frecuentes.
Desde enfoques educativos como la disciplina positiva, el objetivo no es buscar culpables ni corregir rápidamente el síntoma. La propuesta es diferente: comprender qué está intentando expresar ese malestar.
Para muchas familias, esto implica cambiar el tipo de conversaciones cotidianas. Pasar de preguntar únicamente por resultados —“¿qué nota has sacado?”— a interesarse también por la experiencia interna:
Preguntas que abren puertas:
• “¿Cómo te sentiste hoy?”
• “¿Qué ha sido lo más difícil del día?”
• “¿Hay algo que te esté preocupando?”
Este cambio, aparentemente pequeño, puede abrir espacios de confianza donde los adolescentes se sienten más seguros para hablar de lo que realmente les ocurre.
• Escuchar el cuerpo: Tomar en serio los síntomas físicos repetidos (tripita, dolores de cabeza, insomnio) y no etiquetarlos solo como “manías” o “nervios”.
• Revisar la agenda: Valorar si hay tiempo real de descanso, juego libre y desconexión, o si todo está colonizado por obligaciones.
• Cambiar las preguntas: Reservar cada día un momento breve para preguntar “cómo estás” más que solo “qué has hecho”.
• Normalizar la ayuda: Pedir apoyo profesional (psicólogos, orientadores, pediatras) si el malestar se mantiene o interfiere en el estudio, sueño o relaciones.
• Cuidar el ejemplo: Los padres también necesitamos modelar el descanso, decir “no” y priorizarnos sin culpa.
Cuando un adolescente parece tenerlo todo pero su cuerpo empieza a mostrar señales de desgaste, quizá la pregunta más importante no sea cómo eliminar el síntoma lo antes posible. Tal vez la pregunta sea otra: ¿qué está intentando decir ese cuerpo sobre el ritmo de vida, las expectativas o las necesidades emocionales que no están siendo atendidas?
La ansiedad silenciosa no suele aparecer de un día para otro. Se construye poco a poco en vidas que funcionan hacia fuera pero que muchas veces sostienen más de lo que pueden nombrar. Reconocer estas señales a tiempo puede marcar una gran diferencia.
Porque muchas veces el cuerpo no está fallando. Simplemente está pidiendo ser escuchado.
Y cuando esa escucha llega —en casa, en el colegio o en un espacio terapéutico— es posible empezar a construir una vida más equilibrada en Pozuelo, donde crecer, aprender y esforzarse no implique tener que romperse por dentro para sostenerlo todo. Centros educativos, familias y profesionales de la salud mental del municipio tenemos la oportunidad de trabajar juntos para que estos síntomas se detecten y atiendan a tiempo.
Yisselle Vázquez Rosado M-25367
Dra. Psiclogía clínica especializada en adolescentes, trauma, somática y familias
Emotions Somatic Center
Pozuelo de Alarcón
622 06 36 58