Va más allá de lo puramente estético. La delgadez ha vuelto con intención de quedarse y no es casualidad que, después de años trabajando contra la esclavitud de lo normativo, las mujeres estemos siendo bombardeadas con imágenes de cuerpos extremadamente delgados. Quienes nos gobiernan, o pretenden gobernarnos, tienen bien aprendida la lección donde se explica que la moda también es política.
¿Habéis visto alguna red carpet últimamente? ¿Festivales con proyección internacional? ¿Y las nuevas temporadas de afamadas series? Hay un denominador común que las une y que atraviesa a las mujeres que las ocupan. El espacio físico en el que que habitan en este tipo de contextos es cada vez más pequeño y, aunque a simple vista no lo parezca, esta circunstancia va más allá de la estética.
Los cuerpos cambian, fluctúan con nosotras, y esto no debería ser noticia. De hecho, llevamos demasiado tiempo y esfuerzo empleados en reivindicarlo, al mismo tiempo que se ha estado trabajando desde el empoderamiento a través del respeto a nuestras propias formas, dando visibilidad y espacio a siluetas diversas. El problema no es que las mujeres con proyección mediática se vean más o menos delgadas, sino el enfoque que se le está dando y las razones que subyacen bajo estos cambios.
En la era del Ozempic, los focos se posan sobre los cuerpos de las mujeres con especial ahínco. Son muchos los titulares o los contenidos en redes sociales en los que se especula sobre el proceso que habrán seguido para perder unos kilos que, ahora, se consideran demás. El tono banal y amarillisita con el que se habla de los fármacos para conseguir perder peso de manera agresiva y en un tiempo récord es realmente peligroso, tanto como el hecho de que nos estén colando un nuevo heroin chic por la puerta de atrás.
Si en los noventa se popularizaron los rostros escuálidos y ojerosos que acompañaban a cuerpos extremadamente delgados, actualmente el sistema nos está vendiendo como deseable una delgadez igual de dañina, pero vestida de disciplina. Se trata del perfecto broche de oro a todo un entramado de tendencias que responden al momento político que atravesamos. La ola reaccionaria y ultraconservadora trata de imponerse a nivel global y las mujeres tenemos un papel muy concreto en el ideario de quienes la impulsan.
Desde el coquette hasta el clean look, pasando por las tradwife o stay at home girlfriend. Quieren reeducarnos en su intento de frenar los avances en materia de igualdad y terminar con todo lo que huela a feminismo. Esto no va de libertad de elección o de estilos de vida más o menos válidos, sino de la instauración de un rol determinado por una cuestión de género que, sin duda, no nos beneficia en ningún sentido.
Mientras nos sorprendemos con la delgadez de la artista y alimentamos los contenidos en los que se trata de adivinar si ha utilizado o no Ozempic, dejamos de hablar de su trabajo. Cuanto más dedicadas estemos a mantenernos delgadas y cumplir con una disciplina inasumible para cualquier persona que tenga una mínima ocupación, ya sea personal o profesional, menos tiempo estaremos pensando, hablando, encontrándonos y reivindicándonos. Quieren encogernos y han empezado por el cuerpo.
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