"Si la muerte fuera el Guernica" nos habríamos dejado la piel en solucionar un problema que nos supera como sociedad. Sí, nos supera porque el suicidio sigue siendo una de las principales causa de muerte entre los jóvenes, la guerra en Oriente Medio se está llevando por delante la vida de civiles inocentes, y el bolsillo de otros tantos; mientras la crisis nos consume en barrios donde antes se jugaba y ahora se hacen casas con cartones de Mercadona.
Mientras tanto, el arte. ¿Qué es el arte? Picazzo, Goya, Van Gogh, Velázquez, Miguel Ángel, Rembrandt, artistas que marcaron la historia y cuyas obras gritaban a la sociedad, la misma que ahora discute por ver quién es más dueño de la historia, como si esta fuera nuestra posesión, ¡como si se pudiera comprar con votos! Qué ignominia, qué vergüenza, qué pena saber que los "catetos" considerados perdedores están siendo lo grandes ganadores de siempre cuyas vistosas chaquetas cambian de tono en función del color que impere en España.
Nuestros grandes coronados que ven cómo sus queridos presos etarras salen a la calle entre aplausos mientras nos distraen con 'Guernica' y cuatro palabros que les permiten tener más de 1.000 visualizaciones en Instagram. Y hemos picado, sí, hemos mordido ese atractivo anzuelo que se ha cargado la poca credibilidad que nos quedaba como sociedad, como nación.
Y de nuevo, pregunto, ¿qué es el arte? Arte es levantarte cada mañana, encender la televisión, la radio o el periódico con la tranquilidad de que el corrupto que aparece en portada no eres tú y, además, está en la cárcel, porque tenemos una Justicia independiente a la que se le deja trabajar, sin persecuciones, amenazas ni trincheras perfumadas con oro.
Arte es reconocer que te has equivocado, que no has llegado. Que tu gestión millonaria no ha conseguido solventar lo más mínimo los verdaderos problemas de aquellos a quienes se les está desplumando. Arte es apartarte si no diste la talla, o luchar si tienes todavía una oportunidad de hacerlo.
Arte es acercarte a la realidad particular de aquellos que te rodean y, dentro de la individualidad de cada uno, empujarles a unirse a ese todo común que nos permite seguir latiendo al mismo ritmo, pero siempre conservando nuestras particularidades. Arte es mirar a tu derecha y a tu izquierda encontrándote a personas que han dejado en tus manos el sudor de su frente, las llagas de sus manos y los callos de sus pies para que seas tú quien, con ese esfuerzo y con el liderazgo que te atañe, lleves a todos a un lugar mejor, eso sí, sin dejar de lado el esfuerzo y mérito de aquellos que te han colocado ahí.
El arte es bueno, bello y verdadero. Lo demás, señorías, es una bazofia con olor a Dior.