La economía española cerró 2025 con un crecimiento sólido, consolidando su recuperación en un contexto europeo marcado por la desaceleración. Según los datos de Contabilidad Nacional publicados por el INE, el Producto Interior Bruto (PIB) registró un avance sostenido en el cuarto trimestre, impulsado principalmente por la fortaleza del consumo interno y la inversión.
El crecimiento inter trimestral del PIB mantuvo un ritmo positivo, confirmando la resiliencia del modelo económico español frente a la incertidumbre internacional. En términos interanuales, la actividad económica mostró una expansión significativa, apoyada en la evolución favorable del mercado laboral y el buen comportamiento del sector servicios.
La demanda interna, motor del crecimiento
El principal soporte del crecimiento volvió a ser la demanda nacional. El gasto en consumo de los hogares experimentó un incremento destacado, reflejo de la mejora del empleo y la recuperación del poder adquisitivo. A ello se sumó el avance de la inversión, especialmente en bienes de equipo y construcción, lo que evidencia una mayor confianza empresarial.
Por el contrario, la contribución del sector exterior fue más contenida, en línea con la moderación del comercio internacional. No obstante, las exportaciones mantuvieron un comportamiento estable, evitando un impacto negativo relevante sobre el crecimiento agregado.
Empleo y productividad, en positivo
El mercado laboral continuó mostrando signos de fortaleza. El número de horas trabajadas y el empleo equivalente a tiempo completo registraron incrementos, consolidando la tendencia de creación de empleo a lo largo del año.
Este dinamismo laboral se tradujo también en una mejora de la productividad en algunos sectores, especialmente en los servicios, que siguen siendo el principal pilar de la economía española.
Sectores clave y estructura productiva
Desde el punto de vista de la oferta, todos los grandes sectores contribuyeron al crecimiento, aunque con distinta intensidad. Los servicios lideraron la expansión, impulsados por el comercio, el turismo y las actividades profesionales. La industria mostró una evolución más moderada, mientras que la construcción reforzó su recuperación gracias al repunte de la inversión.
Perspectivas: crecimiento sostenido con retos externos
Los datos del INE confirman que España mantiene una trayectoria de crecimiento por encima de la media europea, apoyada en fundamentos internos más sólidos. Sin embargo, persisten riesgos asociados al contexto internacional, como la debilidad de algunos socios comerciales y la incertidumbre geopolítica.
En este escenario, el reto para la economía española será sostener el ritmo de crecimiento sin perder competitividad, consolidando la inversión productiva y avanzando en la transformación del modelo económico hacia sectores de mayor valor añadido.