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Entre "asesinos" y "pirómanos del odio"
El pleno del Congreso se incendia al hablar de Ceuta
Nacional |

"Un país que utiliza a su gente como arma de guerra y como escudo humano". Con esa cita, Sofía Acedo Reyes, diputada del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso y nacida en Melilla, ha cargado contra el Gobierno al interpelar a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y preguntarle de qué lado se sitúa en el conflicto de Ceuta.

El telón de fondo no es abstracto. A finales de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad autónoma en apenas 48 horas, sobre todo por el entorno del espigón de El Tarajal. La mayoría regresó en los días siguientes; miles permanecen, entre ellos un volumen elevado de menores. El Congreso sigue discutiendo ahora, cuarenta días después, cómo llamar a aquello y quién responde por ello.

Acedo se ha remontado al inicio de la crisis y ha recordado que ya han pasado cuarenta días desde que, en su relato, se "invadió" el territorio. A día de hoy, ha dicho, el país sigue sin una respuesta clara sobre quién fue el responsable, aunque tanto informes policiales como la instrucción que se sigue en la Audiencia Nacional apuntan a Marruecos. "Ustedes ignoraron los avisos para irse de vacaciones", ha sostenido, "y hoy Ceuta es un polvorín".

La popular ha querido dar a la ministra un baño de "realidad" con los adjetivos que, según ella, acompañan a Marruecos en boca de portavoces de la extrema izquierda y del entorno del partido de Díaz. "Dictador, autócrata y asesino. Un país que utiliza a su gente como arma de guerra y como escudo humano". Así hablan, ha subrayado, del país que a juicio de muchos ha asaltado a España. Y ha vuelto a la pregunta: con quién se posiciona la ministra, con los de su propio espacio político o con el Gobierno.

En ese punto ha insistido en sustituir el término "crisis humanitaria" por "invasión". La única medida que puede "salvar a Ceuta", ha afirmado, es expulsar a quienes entraron por la fuerza, "como se comprometió su Gobierno".

La parlamentaria ha cerrado con un recuento de la vida cotidiana en la ciudad tras el suceso: reyertas constantes, agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado agredidos, niñas que salen escoltadas y el gas pimienta convertido en un producto que se compra y se lleva encima. "¿Ese era el empoderamiento y el feminismo que venían a defender? ¿Quién garantiza el derecho de los ceutíes a vivir en paz?"

Por su parte, la ministra se ha aferrado al concepto de "crisis humanitaria" para explicar que aquellos que entraron son "seres humanos que vienen a este país porque tienen razones y hambre". Además, apunta al PP para denunciar cómo se refieren a los menores marroquíes como "invasores", tildándoles de "pirómanos del odio", pero evitando hablar de las situaciones que están viviendo las y los menores de Ceuta: abusos sexuales, violencia en las calles y necesidad de escolta para ir a los centros escolares.

El cruce ha dejado dos relatos en paralelo. Uno pone el acento en la frontera, la responsabilidad de Rabat y la convivencia de los ceutíes. El otro, en el sufrimiento de quienes cruzaron. Entre "asesinos" y "pirómanos del odio", el hemiciclo no ha zanjado lo que la ciudad sigue esperando: cifras únicas, retornos de adultos y un control que no dependa del humor del otro lado de la valla.