La Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha dictado dos providencias decisivas que ponen en jaque el Real Decreto 316/2026, de 14 de abril, conocido popularmente como el “Real Decreto de regularización de extranjeros”. El tribunal ha decidido abrir un trámite de audiencia para que las partes personadas informen, en un plazo común e improrrogable de cinco días, sobre la procedencia de elevar una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) antes de decidir sobre la suspensión cautelar de la norma.
Esta decisión surge a raíz de los recursos contencioso-administrativos interpuestos por los Gobiernos autonómicos de Aragón y la Comunidad Valenciana, quienes impugnan la reforma del Reglamento de la Ley Orgánica de Extranjería (RLOEX) al considerar que vulnera el marco normativo de la Unión Europea.
El epicentro de la polémica jurídica se encuentra en las Disposiciones Adicionales 20ª y 21ª introducidas por el Gobierno central. Estas cláusulas articulan un proceso de regularización generalizado para todos aquellos ciudadanos de terceros países que se encontrasen en España en situación irregular antes del 1 de enero de 2026.
Según consta en el texto de las providencias, el Supremo destaca de forma alarmante que se trata de una medida de "rango infralegal" (un reglamento) enfocada en un "proceso de regularización masiva" con efectos potenciales sobre un volumen indeterminado de personas, estimado entre las 900.000 y el 1.650.000 de ciudadanos extranjeros. Todo ello, recalca la Sala, sin que conste notificación previa a la Comisión Europea ni coordinación con los demás Estados miembros.
El Tribunal Supremo detalla hasta seis vías de posible colisión entre el Real Decreto español y el Derecho comunitario:
Con este movimiento, la Sección Quinta congela temporalmente la resolución sobre las medidas cautelares que reclamaban Aragón y la Comunidad Valenciana para suspender el decreto de forma inmediata. Si tras el plazo de cinco días el Supremo decide formalizar la consulta al TJUE, el proceso de regularización generalizado podría quedar suspendido en el limbo judicial europeo durante meses, a la espera de que Luxemburgo dicte si la medida del Ejecutivo español se ajusta o no a las leyes de la Unión.