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Fuentidueña de Tajo, una localidad marcada por el paso del rio Tajo
Municipio situado en el extremo suroriental de la región, de pasado medieval y marcado por el paso del rio Tajo
Madrid |

Madrid es el encanto de una ciudad que no descansa, que alberga historia entre sus callejuelas del centro o luce majestuosa en Gran Via. Y Madrid son tambien los pueblos que la conforman, grandes o pequeños, pero con rincones que esconden tras de si retazos de la historia que les da encanto. Uno de ellos es Fuentidueña de Tajo, un municipio situado en el extremo suroriental de la región enmarcado en la Comarca de Las Vegas y bañado por el río Tajo.


Fuentidueña es el último pueblo de Madrid en su paso hacia Cuenca y Valencia. El río es la frontera y su paso ha sido siempre importante. Por eso cuando llegamos a Fuentidueña lo primero que divisamos son las ruinas del castillo medieval de Santiago, más conocido como Torre de los Piquillos, y que fue declarado en 1982 Bien de Interés Cultural. Entre sus muros hoy derruidos vivió Alfonso VIII y doña Urraca. Desde el Castillo se pretendía controlar el paso del rio. Justo en el lado opuesto se encontraba otra fortaleza denominada de Alarilla, un lugar donde hoy se encuentra la Ermita de la Virgen del mismo nombre.

En la Plaza de la Constitución destaca la Torre del Reloj. Una construcción cuadrangular que alberga el reloj de dos caras cuya maquinaria es la mas antigua de la Comunidad de Madrid.


El río Tajo como seña de identidad


Si algo marca la historia de Fuentidueña es el paso del rio Tajo. La historia ha dejado numerosas formas de cruzar este paso: puentes colgantes, barcaza, etc. hasta el actual puente de hierro. En 1842 se termina la enésima reconstrucción del Puente de Fuentidueña. Esta vez es colgante, está cimentado sobre columnas de piedra lo que le da algo más de fortaleza que a los anteriores. El levantamiento del General Prim acaba con él más de veinte años después. Será en su huida hacia levante cuando, según narra Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales, el General corta las cuerdas el 4 de enero de 1866. Tras ello se pone en funcionamiento una barcaza temporal que será sustituida despues por una barca de maroma. La nueva barca empieza a funcionar el 27 de abril de 1866.


Las frecuentes riadas fueron deteriorando la Barca. La Dirección General de Obras Públicas decidió después construir otro puente esta vez de hierro. El encargo del mismo se hace al ingeniero Rafael Monares, en 1867. El proyecto primitivo lo modifica José de Echevarría en 1871. Los materiales del nuevo puente se encargan a la empresa francesa Imbert y Cia por lo que en su diseño tiene semejanzas a la Torre Eiffel de Paris. El 29 de mayo de 1876 Fuentidueña estrenaba el Puente de Hierro que llega hasta nuestros días. Hoy se denomina “Puente Viejo” por ser el más antiguo de los tres que se pueden contar en el municipio en la actualidad.

La localidad celebra cada año la Embarcación de la Virgen de Alarilla, la única procesión fluvial de la región, que este año se verá suspendida por la crisis del COVID-19

La Embarcación de la Virgen de Alarilla


Relacionado con el rio y la devoción esta la celebración de la Embarcación de la Virgen de Alarilla. La única procesión fluvial que se celebra en el interior de la Península y que esta declarada Bien de interés Cultural en el año 2001 por la Comunidad de Madrid. Este año la crisis del Covid-19 nos dejará sin disfrutar de esta devoción que recibe cada año miles de visitantes.


Esta histórica práctica ha pasado de generación en generación entre todos los habitantes de este pequeño pueblo de Madrid. Decir Embarcación en Fuentidueña es decir mucho: una mezcla de sentimientos, espectáculo y religiosidad que solo se da una vez al año, el segundo sábado de septiembre.


El río Tajo es el protagonista silencioso de esta tradición, pero la devoción y la Virgen es el elemento principal. Dice la leyenda que estando un pastor con sus ovejas en la Dehesa de Alarilla, un paraje a tres kilómetros del pueblo, encontró la imagen en una atocha de esparto. Creyendo que era una muñeca la metió en las alforjas de su burro y la trajo a su casa. Al llegar se la dio a su hija, pero a la mañana siguiente la imagen desapareció. El pastor pensó que la niña la había perdido pero su sorpresa llegó cuando de nuevo la imagen estaba en la atocha donde la encontró. De nuevo la recogió y se la entregó a la niña. Pero de nuevo la imagen desapareció. Cuando llega con el ganado de nuevo a la Dehesa ve la imagen, la recoge y acude a las autoridades locales. El Alcalde, el Juez y el Cura deciden comprobar el hecho y resuelven que será bendecida y nombrada patrona del pueblo.


Desde entonces cada sábado de septiembre la Virgen sale en romería desde la Iglesia de S. Andrés hasta su Ermita. Allí en su casa de la Dehesa permanece varias horas hasta que de nuevo regresa al pueblo. Pero no va al templo, va a la barca, a descender por las aguas del Tajo al caer la noche.

La primera Embarcación documentada data de 1866. La primera barca, como bien dicen los documentos, iba adornada con farolillos y velas. La Virgen en el centro acompañada por las autoridades locales. Impresionante debió ser esta barca bajando por un río tan caudaloso como lo era el Tajo en el siglo XIX.


Después, ya en el siglo XX se construyó una barca de madera que simulaba a un castillo. La plataforma era cuadrada simulando a la barca de maroma original e iba adornada adornado con bombillas sobre un tablado de bidones que son los que le hacían flotar en el agua. Estos bidones que también lleva la barca actual simulan las cubas de vino que hacían flotar la barcaza original.

En los años 90 del siglo XX se estrenó una nueva embarcación. Esta moderna de aluminio, pero con la misma forma de castillo. 1200 bombillas de colores la alumbran. La Virgen va subida en un mástil de más de 2 metros con una pequeña plataforma dentro de dos arcos de luces para que sea visible en la inmensidad de la noche. No va sola, la acompañan ocho remeros además de autoridades locales y devotos.


La Embarcación recorre unos 800 metros en su descenso. La noche y miles de visitantes que abarrotan las orillas del Tajo son testigos de esta procesión. El Tope arranca los primeros aplausos. Inmediatamente después aparece la barcaza iluminada de mil colores y en lo más alto la Virgen de Alarilla. Algarabía, vivas y emoción, entre el público y los nadadores que acompañan a la Virgen por el río. Cuando la Barca cruza el Puente de Hierro comienza el Castillo de fuegos artificiales para poner fin a la cita fluvial. Después la Virgen vuelve en su carroza al templo de San Andrés hasta el próximo año.