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El documental 'Descubriendo a Ana Frank. Historias paralelas' actualiza el mito de la joven judía asesinada
Conoce a Ana Frank a través de los niños y niñas judíos que sobrevivieron a los campos de exterminio
Madrid |

89.219 es el número tatuado en el antebrazo que enseña un joven ante la cámara. Lo exhibe con orgullo. Se trata del nieto de Arianna Szörenyl. Ella, junto a otras compañeras de época, es una anciana, la cual su historia de niña habla de campos de concentración nazis, de hambre, de abandono, de odio y de dolor. Pero también, de cariño, de herencia transmitida y, sobre todo, de resistencia, como nos cuenta El Mundo

Ellas, vivieron algo parecido a lo que la joven alemana recluida durante dos años en un piso de Ámsterdam, la cual acabó asesinada en un campo nazi a los 15 años de edad, contó para siempre en su conocido diario. La diferencia, obviamente, es que ellas sobrevivieron y, con su propia voz, lo siguen contando.

Lo hacen en el documental 'Descubriendo a Ana Frank. Historias paralelas', que se estrena en plataformas este viernes, de las directoras italianas Anna Migotto y Sabina Fedeli.

'Descubriendo a Ana Frank. Historias paralelas', es un documental didáctico de clara vocación millennial que intenta despertar las conciencias más jóvenes a través de la que quizá es la figura más simbólica del Holocausto.

La protagonista del documental será la actriz británica Helen Mirren.

"En realidad, la idea original era simplemente rendir homenaje a Ana con motivo del que hubiera sido su 90 cumpleaños. Y hacerlo con la voz de otras Anas. Fue hablando con ellas cuando caímos en la cuenta de la oportunidad del asunto. Fueron ellas las que, desde su experiencia y su relativo susto ante lo que ocurre ahora mismo en el mundo, recondujeron, por así decirlo, el argumento de la película", comenta una de las dos cineastas.

La película es toda ella una reivindicación y un homenaje a la memoria. La cámara viaja al fondo del horror convertido ahora en museo a la vez que hace recuento de heridas y ofensas a través de fotografías, huellas, cicatrices y, por supuesto, los tatuajes de la vergüenza. Hablan las abuelas, los hijos, los nietos y, por supuesto, los historiadores. "Recordar es un ejercicio fatigoso y molesto".