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Me opongo
Opinión | El portavoz del PSOE en Humanes de Madrid, Isidro Navalón, hace un llamamiento al consenso
Humanes de Madrid |

Claro que soy socialista, y tengo el honor de ser concejal en el pueblo donde vivo, y por eso lo que voy a decir, podría ser calificado de subjetivo. No obstante, esto que acabáis de leer no me inhabilita para de vez en cuando tener algo de criterio y en determinadas ocasiones, tener hasta razón.

Mi condición de militante socialista y cargo público no me anula el sentido ni el derecho para poder afirmar con rotundidad eso de que tener color partidista no debería ser excusa para evitar ser lo que vulgarmente se llama un “me opongo”.

Últimamente ¿no creéis que hay demasiados líderes políticos con esa fórmula adjetivada de “me opongo”? Líderes que tienen la responsabilidad de ejercer la política pero que confrontan y difieren por el simple hecho de no haber ganado las elecciones, y ser “la oposición”.

“Me opongos” existen en todas las administraciones públicas, bien sean en las locales, autonómicas o nacionales, pero los más estériles, ruidosos y molestos son los que provienen de nuestro Congreso de los Diputados. Como sabéis en esta institución están los que representando al pueblo deberían defender la postura de éste, y lo hacen, pero no siempre, ni tampoco lo hacen de modo fiel.

Existe un tipo de legislación que tiene que ver con los derechos sociales, leyes que protegen y garantizan los derechos de personas individuales que pertenecen a determinados colectivos pero que no obligan a nadie a ejercerlos.

En los últimos tiempos y de la mano de gobiernos socialistas y progresistas, principalmente, hemos tenido leyes que protegen a la infancia, a colectivos LGTB, o leyes que protegen el derecho a morir dignamente. Pues bien, estas leyes sociales que amplían los derechos y mejoran la situación de muchos españoles, están siendo recurridas y judicializadas en un intento de entorpecer lo que debería ser un vivir mejor de todos y todas.

Pero los “me opongos” existen y han existido siempre, ¿os imagináis que alguien ahora vaya en contra del derecho al divorcio?, pues, sí, en aquella época, los padres de los actuales “me opongo” ya ejercían y transmitían su tenaz gen opositor a cualquier cosa que no partiese de su creatividad.

Mi condición de militante socialista y cargo público no me anula el sentido ni el derecho para poder afirmar con rotundidad eso de que tener color partidista no debería ser excusa para evitar ser lo que vulgarmente se llama un “me opongo”

Y lo que colma el vaso del “meoponguismo” es el que, siendo utilizado en contra del gobierno de turno, recordemos elegido democráticamente, toca los límites del antipatriotismo. ¿Quién es capaz de decir que no es antipatriótico embarrar y perjudicar la imagen de España en Europa para no recibir una buena pila de millones que servirán para salir del bache económico?

Os pido que pongáis la tele, leáis la prensa o escuchéis la radio, a ser posible de diferentes emisoras o canales. Veréis que a favor o en contra, aparecen los y las “me opongos” ejerciendo de molestos arietes que intentan derribar al gobierno de turno, sin una sola propuesta, nada más que el estar en contra y utilizar las instituciones, mejor dicho, los tribunales para entorpecer el desarrollo, no solo de la acción política, sino del derecho a vivir en igualdad. Y con respecto a los tribunales, el colmo de la desfachatez pasa cuando con su derecho de veto, los ya mentados, se oponen a la renovación de estos órganos judiciales, tal y como nuestra Constitución establece.

A los “me opongo” y a los otros, políticos todos y todas nos corresponde atajar esta práctica, dejando atrás el sectarismo y dejando paso a la capacidad de escuchar y discutir. Saquemos de nuestras mochilas eso que se llama empatía, que quizás nos sirva para identificar el camino de la concordia que tanto necesitamos recorrer, aunque no esté en nada de acuerdo con la persona que me vaya a acompañar.

De los indultos, ya hablaremos otro día, pero bienvenidos sean en pos de esa concordia y entendimiento tan necesario entre españoles.