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Trabajar para ser pobre
Nuestra vecina Ángela Mojío comparte con nosotros su artículo de opinión
Alcalá de Henares |

Adelina no sabe lo que es el Eurostat, ni la prima de riesgo, ni el Euribor, solo sabe trabajar de sol a luna, pues va a “echar horas” a las casas, limpiando y cuidando ancianos, y por las noches, cuando cierran las oficinas, limpia también en un banco “de los grandes” así que, dándose bien las cosas, puede llegar a fin de mes y ganar lo justo para malvivir ella y sus tres hijos.

La verdad es que su vida no ha sido nunca un camino de rosas, pues apenas tenía 14 años, cuando sus padres la mandaron del pueblo, una aldea perdida en la Sierra de Cazorla, a la capital, a “servir” en una casa “de señoritos”, con muchas habitaciones, y una cocina muy grande, donde aprendió todo lo que hoy sabe, limpiar, lavar, planchar, fregar, cocinar, criar niños y cuidar ancianos.

Panorámica de la Sierra de Cazorla

Se casó muy joven, y muy joven tuvo a sus tres hijos a los que le ha tocado criar sola, pues su marido, un buen hombre sin duda, pero “chapado a la antigua” pensaba, como la mayoría de su generación, que lo de cuidar y educar a los hijos, era “cosa de mujeres. Tuvo también la mala fortuna de morir pronto y habiendo cotizado lo mínimo de autónomo, pues la pensión de viudedad apenas llega a los 200 euros (unas 30.000 pesetas “de las de antes”)

Adelina y su familia pertenecen a una capa social de “excluidos invisibles en el umbral de la pobreza” que en España supera el 28 %, y que va en aumento. Son gentes que trabajan por un mísero sueldo, que no se mueren de hambre gracias a gentes solidarias, pero que no tienen recursos suficientes para acceder a la mayoría de los bienes de consumo.

Sus vecinas son muy buenas con ella, pues a veces, cuando ponen el puchero, echan un par de “puñaos” más, de arroz, lentejas, judías o garbanzos, y luego la pasan un “taper” para que coman ella y sus hijos.

Adelina sigue adelante gracias a la solidaridad de esas mujeres, gente tan pobre y necesitada como ella pero con un corazón muy grande y una humanidad a prueba de crisis.

 Ella nunca pensó que se podría ser pobre, trabajando tanto

Algunos meses, cuando llegan imprevistos, se siente frustrada, pues no sabe dónde acudir y qué agujeros tapar primero, alquiler de la casa, luz, agua, calefacción, ropa, libros y material escolar, para sus hijos, o botella de butano para poder cocinar. Y lo peor es que la situación, tal y como están las cosas, tiende a perpetuarse.

Adelina no sabe las causas, pero si sabe que cada vez hay más distancia entre ricos y pobres y no entiende de números, pero ha oído en la radio, que el 2% de la población concentra tanta riqueza como el resto de los excluidos.

Tampoco tiene respuestas, pero sabe que el “estado de bienestar” no cobija a sus hijos que no pueden ir a la universidad por falta de medios y que la igualdad de oportunidades no existe y duda que haya existido alguna vez.

Ella nunca pensó que se podría ser pobre, trabajando tanto.

(Basado en datos reales de la Memoria de Cruz Roja Española del año 2015)