"Cuando nos acercábamos a la orilla, parecía que se nos iba, pero seguimos, y conseguimos sacarla". Con esa sencillez que solo tienen los valientes, una de las alumnas del Instituto Humanejos de Parla resumía lo que fue, probablemente, el examen más difícil de su vida. No fue en un aula, sino en una orilla irlandesa, donde este grupo de jóvenes - ya bautizados como 'Los vigilantes de Parla'- demostró que el ímpetu y la solidaridad no entienden de actas de nacimiento.
Acompañados por el peso de la Gran Cruz del 2 de Mayo, los estudiantes recordaron cómo rescataron a una mujer del agua mientras el mundo a su alrededor se congelaba entre el pánico y la indecisión. "Le hicimos la RCP con ayuda de una turista; fueron minutos, pero pareció una eternidad", confesaron. En esos latidos de angustia, la supuesta "fragilidad" de su generación se transformó en una lección de vida: "Nuestra edad no nos limita; juntos podemos con todo".
Solo había que sintonizar las imágenes emitidas por la Comunidad de Madrid para ver la emoción de los presentes en el homenaje. El orgullo en el rostro de Isabel Díaz Ayuso, los aplausos de Alberto Núñez Feijóo o la sonrisa de Marimar Blanco. Los invitados fueron testigos de lo que la "generación de cristal" es capaz de hacer si tan solo se les da confianza y se les permite asumir responsabilidades.
Sin embargo, en el mapa de autoridades presentes quedó un hueco difícil de justificar. Ramón Jurado, alcalde de Parla, fue la ausencia más sonora de la jornada. Ya fuera por falta de incentivo o por conflictos de agenda, lo cierto es que el regidor, habitualmente activo en sus perfiles sociales, tampoco encontró espacio en sus redes para un mensaje de enhorabuena o un simple gesto de reconocimiento.
Mientras los alumnos se enfrentaban a la muerte en Irlanda y recibían el aplauso de la región en la Puerta del Sol, el silencio desde el consistorio parleño resultó ensordecedor. Los héroes de Parla elevaron el nombre de la ciudad a lo más alto del escalafón de condecoraciones regionales, pero sin la foto, el aliento o el reconocimiento público de quien ostenta el mando en su propia ciudad. Un vacío que hace que la hazaña de estos jóvenes brille con una luz aún más independiente, pero que invita a preguntarse, ¿para quién gobierna el alcalde de Parla? Desde luego para los héroes no, ¿será para los villanos?