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Goya 2026: Los Domingos silencia el sectarismo de Silvia Abril
Si para Silvia Abril la fe de los jóvenes es un anacronismo, el éxito de Los domingos es su cura de realidad
MADRID |

La gala de los Goya es, por definición, el gran escaparate de nuestra cultura. Es el lugar donde el cine se mira al espejo y nos devuelve una imagen de quiénes somos. Sin embargo, tras el monólogo de Silvia Abril y sus alusiones a la Iglesia, queda en el aire una pregunta incómoda: ¿Cabe la fe de los jóvenes en la pluralidad de la que presume nuestra industria audiovisual?

Nadie cuestiona que el humor sea una herramienta de crítica necesaria en democracia. El derecho al chiste y a la sátira es sagrado —valga la ironía—, pero el humor también es un termómetro de la empatía social. Cuando la comedia recurre de forma sistemática a clichés agotados, no está rompiendo tabúes; está reforzando prejuicios que ya no se corresponden con la realidad de la calle en este 2026.

En cuanto a la referencia que hizo la actriz a los jóvenes creyentes: "Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana", hay que reconocer que esa emoción la ha suscitado ella. Qué lástima que una estrella del cine, reconocida y querida en nuestro país, observada y elogiada por un público de todas las edades, DIVERSO, haya hecho unas declaraciones de baja estofa, cuestionando la capacidad de criterio de una generación que intenta despertar con los recursos que se le han dejado, que pelea por encontrar su lugar en la sociedad y que se configura con un esfuerzo supino para no anclarse en ninguna vieja ideología, sino conformar la propia.

Una juventud que dejó a un lado las creencias individuales para unirse por un bien común: ayudar a los afectados por la DANA de Valencia, acudir al rescate de víctimas en el accidente de Adamuz o llenar las listas de voluntariados que acuden a los países más pobres, esos que nadie se atreve a mirar, para darles la esperanza que se les está robando. Por eso, duele que el "cliché eclesiástico" sea el recurso fácil para arrancar una risa rápida, ignorando la vitalidad de una juventud creyente que es moderna, crítica y profundamente comprometida con los márgenes de la sociedad.

Porque dentro de estas creencias y de ese espacio que Silvia vuelve a denominar "chiringuito" se encuentran realidades muy diversas. Lo curioso es que en la Iglesia sí caben, sin excepción, y si no me creen, acudan a cualquier centro para comprobarlo.

Y, si para Silvia Abril la fe de los jóvenes es un anacronismo, el éxito de Los domingos es su cura de realidad, pues la película ha arrasado en los Goya. Debería verla, aunque solo sea para actualizar sus prejuicios. a realidad le ha pasado por la derecha: el público joven está pidiendo historias con alma. Mi consejo es sencillo: o se sienta a ver la película para entender la diversidad real de la España de 2026, o deja paso a presentadores que no necesiten excluir a media audiencia para intentar hacer gracia. Menos soberbia moral y más cine, Silvia.