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Heridas abiertas tras un MIR "caótico"
La falta de control en las aulas, el uso de la IA y la polémica equiparación de notas extranjeras ponen en entredicho la equidad del proceso
Nacional |

“No entiendo por qué, si la formación aquí es más compleja, se pone a la misma altura que otros sitios donde un siete de aquí sería un diez de allí”. Esta declaración resume el sentimiento de miles de estudiantes que se presentaron al MIR en enero de este año. Las heridas siguen abiertas y se concentran en varios frentes: desde la falta de control en las sedes hasta la histórica nota de Elena Bianca Ciobanu, pasando por la controvertida equiparación de los expedientes extranjeros. “No es justo”, expresan varias fuentes a este medio.

Un inicio marcado por la inestabilidad

La convocatoria ya llegaba en un contexto polémico. En julio de 2025, el comité completo de expertos encargado de redactar las preguntas dimitió en bloque por desacuerdos con las condiciones económicas impuestas por el Ministerio de Sanidad. Esto obligó a renovar el equipo con poco tiempo, lo que muchos relacionaron después con los numerosos errores de redacción y el récord de preguntas anuladas.

La desorganización administrativa dejó testimonios alarmantes: “Pensaban que habían perdido el examen de mi hermana, y lo tenían entre las hojas en blanco que se entregan por si te equivocas o quieres repetir la prueba”. A esto se sumaron los retrasos en las listas de admitidos, aumentando la incertidumbre entre los más de 16.000 aspirantes.

El día del examen: Un “completo caos”

El 24 de enero, la logística se vio desbordada. Con apenas 2.080 profesionales para controlar las pruebas —lejos del recomendado vocal por cada 30 estudiantes—, el proceso se convirtió en un “un completo caos” en el que se colaron dispositivos como las gafas de inteligencia artificial, numerosas salidas a los baños, auriculares y móviles vibrando.

Ante esta situación, tanto opositores como la Asociación MIR España denunciaron las deficiencias, señalando la ausencia o mal funcionamiento de inhibidores de frecuencia y el uso de dispositivos prohibidos. En Santiago de Compostela, un estudiante fue expulsado tras ser detectado utilizando tecnología no permitida. El balance final: más de 5.000 quejas registradas.

El fenómeno Bianca Ciobanu, bajo la lupa

La nota de Elena Bianca Ciobanu tampoco ayudó a calmar los ánimos. La aspirante, que contaba con un 6,7 en su expediente académico, consiguió una de las mejores notas de la historia del examen: 188 respuestas netas correctas de 200, logrando 119,3784 puntos.

Las sospechas de fraude proliferaron en redes sociales, pero la aludida negó tajantemente cualquier irregularidad. Aseguró que no usó gafas de inteligencia artificial, que no salió al baño en toda la prueba y señaló que había estado estudiando de manera “intensiva” cuatro años. El Ministerio de Sanidad avaló su resultado, incidiendo en que no se encontraron irregularidades y descartando realizar una auditoría independiente.

El debate del baremo académico

El último ingrediente de este cóctel molotov es el baremo académico, que supone el 10% de la nota final. Desde la entrada en vigor del Real Decreto 889/2022, el proceso de homologación de títulos extranjeros se simplificó considerablemente.

Para médicos de países como Costa Rica, Colombia, México o Argentina, la conversión de su nota media a la escala española es ahora más directa, y para muchos, más injusta. Los aspirantes españoles critican que el nivel de exigencia no es comparable y que un 7 u 8 en determinados sistemas educativos extranjeros puede pesar más en la baremación actual que en años anteriores, restando oportunidades en un proceso con plazas muy limitadas.

¿Brecha de confianza en un sistema fallido?

El MIR 2026 ha dejado una brecha de confianza profunda. Con más de 15.000 aspirantes compitiendo por un futuro profesional, cualquier duda sobre el control o la equidad de los expedientes cobra una relevancia crítica. El Ministerio apuesta por endurecer los protocolos en 2027, pero la pregunta sigue latente: ¿Es suficiente con reforzar la seguridad o hace falta una revisión más profunda del modelo del MIR?