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El 'odiómetro' de Sánchez
El presidente anuncia una herramienta que busca "medir" los discursos de odio en plataformas digitales

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Declaraciones del presidente del Gobierno.

Nacional |

En pleno debate sobre los discursos de odio y la polarización que ha impregnado las redes sociales, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presentado este miércoles la herramienta HODIO (Huella del Odio y la Polarización). Este sistema, definido por el propio presidente como un mecanismo para medir la "presencia, evolución y alcance" de estos discursos, busca transformar la forma en que el Estado interactúa con las grandes plataformas tecnológicas.

Durante su intervención en la apertura de la cumbre, Sánchez ha subrayado que el odio en la red no es un fenómeno espontáneo, sino un proceso "fabricado" que se ha convertido en una "baza electoral" para ciertos sectores. "Cuando el odio se normaliza en internet, acaba filtrándose en nuestra vida cotidiana", advirtió el presidente, vinculando la toxicidad digital con la discriminación real en el acceso a la vivienda o el empleo.

La herramienta HODIO no solo funcionará como un termómetro de la tensión social, sino que pretende ser un instrumento de transparencia. Según el plan del Gobierno, los datos recogidos serán expuestos públicamente, obligando a las redes sociales a rendir cuentas por la permisividad ante contenidos que vulneren la dignidad de las personas.

Uno de los puntos más destacados del anuncio ha sido la mención a la "amplificación algorítmica". Sánchez ha defendido que la tecnología "no es neutra, es política", y que aquellos que diseñan los algoritmos que priorizan mensajes de odio para generar engagement deben asumir su responsabilidad.

No obstante, las críticas no se han hecho esperar, y es que nadie conoce qué criterios se van a emplear para definir lo que son "discursos de odio". Algunos críticos temen que se pueda aplicar de forma asimétrica, persiguiendo los contenidos en función de la tendencia ideológica. Además, el enfoque que ha puesto el presidente sobre los algoritmos se ha percibido como una presión excesiva sobre las plataformas, potencialmente incompatible con la neutralidad tecnológica o la libertad de las empresas.