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Pache lo que Pache
Carlos Díaz-Pache Montenegro dedicó buena parte de su vida a mirar la sociedad, coger un lápiz y devolvernos lo que veía convertido en una sonrisa
MADRID |

Hay personas que pasan por el mundo. Y hay personas que, mientras pasan, lo cambian.

A veces lo hacen construyendo empresas.

Otras escribiendo libros.

Algunos tomando decisiones que afectan a millones.

Y unos pocos lo hacen con algo aparentemente mucho más pequeño: consiguiendo que alguien sonría.

Quizá por eso algunos entendemos el humor de una manera diferente.

No como una forma de escapar de la realidad, sino como una manera extraordinaria de enfrentarse a ella.

Porque cambiar el mundo requiere ideas.

Requiere ganas.

Requiere propósito.

Pero nadie dijo que tuviera que ser aburrido.

Carlos Díaz-Pache Montenegro dedicó buena parte de su vida a mirar la sociedad, coger un lápiz y devolvernos lo que veía convertido en una sonrisa. Sus Náufragos llevaban años recordándonos algo que quienes hacemos sátira conocemos bien: que una viñeta puede decir en diez segundos lo que a otros les cuesta diez páginas explicar.

Y después está Carlos.

Su hijo.

Otro Pache.

Cambió el lápiz por el micrófono, la viñeta por el escenario y, algunas veces, el escenario por la tribuna. Pero conservó algo bastante más importante: las ganas de contar las cosas sin renunciar a reírse de ellas.

Supongo que algunas herencias no necesitan notario.

Se hereda una mirada.

Una forma de entender la vida.

Las ganas de hacer cosas.

Y, con suerte, la capacidad de no tomarnos demasiado en serio mientras intentamos hacer cosas muy serias.

En Soyde sabemos algo de eso.

Creemos que el periodismo puede cambiar cosas.

Creemos que el humor también.

Y creemos, sobre todo, que el mundo lo cambian quienes todavía tienen ganas de cambiarlo.

Si además conseguimos divertirnos mientras lo intentamos, mucho mejor.

Hoy no queremos despedir a un viñetista.

Queremos dar las gracias a alguien que decidió dejar el mundo con unas cuantas sonrisas más de las que encontró cuando llegó.

Y eso, Carlos, es tener propósito.

A ti, amigo, solo podemos decirte una cosa:

Pache lo que Pache, una parte de él siempre estará contigo.

Y mientras alguien vuelva a sonreír delante de uno de sus Náufragos,

de alguna manera, seguirá dibujando.