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Grecia, mucho más que fachadas blancas y azules
Grecia es un auténtico paraíso donde no solo puedes zambullirte en la Historia y la mitología: bienvenidos a Atenas y Mykonos
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Tras pasar una semana en Grecia, lo único que puedo deciros para comenzar este artículo es que me sentí como si estuviese dentro de alguna de las películas de Mamma Mía. Tres días en Atenas y cuatro en Mykonos me sirvieron para descubrir algunos de los rincones más especiales de ambos lugares y prometerme a mí misma que volveré, más pronto que tarde.

He de decir, en primer lugar, que es un auténtico y completo mito la frase "¿A Grecia? Si es carísimo" ERROR. Puede ser que también las fechas que elegimos para viajar tuviesen que ver, pero el día a día allí, en cuanto a precios, es muy parecido a España. Incluso, me atrevería a decir que, quitando los sitios más míticos de Mykonos, es más barata la vida allí que aquí.

Dejando a un lado el tema económico, y previo a desgranar mi semana de ensueño griega, me gustaría aconsejaros lo siguiente: a mi parecer, 3 días en Atenas fueron más que suficientes. Es una ciudad preciosa, con muchísimos lugares históricos y emblemáticos para visitar, pero no es tampoco muy grande. Al hacer ya bastante calor, pasar 4 días en la isla de Mykonos y poder disfrutar de sus playas fue todo un acierto, porque en la capital el calor es sofocante. Mucho.

Atenas

OBLIGATORIO: Coger free-tours o cualquier visita turística que esté disponible en esos momentos. Moveros en metro, es muy barato y cuenta con una tarjeta de 24 horas de validez con la que puedes hacer los viajes que quieras. Eso sí, el área del aeropuerto cuenta con tarificación especial. Otro aviso: es muy habitual que en las paradas más céntricas haya aglomeraciones en las horas puntas, al igual que ocurre en Madrid. Nada nuevo.

Nosotras, comenzamos el primer día haciendo un tour gratuito por la ciudad donde conocimos la historia de Atenas y fuimos recorriendo los lugares más turísticos y los barrios como Anafiótica, Monastiraki, Psiri o Sintagma. Sus calles tienen muchísimo encanto, y en algunos momentos me llegaron a teletransportar a Italia.

Otro de los grandes atractivos es el Ágora, que se encuentra cercana a la propia Acrópolis. Aunque no llegamos a acceder, desde fuera puede verse completamente. Impone. Es increíble que después de tantísimos años se conserven las estructuras.

Cabe destacar que si sois jóvenes, os vais a poder beneficiar de muchos descuentos e, incluso, entrada gratuita al Acrópolis y al museo que se encuentra a sus pies. Esta visita es completamente obligada, ya que es el emblema de la capital griega y es completamente alucinante. 3.000 años de historia se concentran en un mismo espacio que, a pesar de haber sido saqueado y restaurado (actualmente, se encuentra en obras), te transporta a los tiempos antiguos.

Como observación, nosotras fuimos primero al Acrópolis y posteriormente al museo. ERROR. Deberíamos haber entrado al museo previo a subir hasta el Acrópolis, ya que en este descubres el transcurso de la Historia en este histórico espacio y prestas aún más atención a los pequeños detalles que, en el momento, no percibes.

Otra recomendación: Ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Repito, el calor es muy fuerte y la Acrópolis se encuentra a más 150 metros de altura. Si no queréis sufrir una insolación, llevaos agua, crema solar y un gorro, junto con un abanico.

Si queréis disfrutar de un buen atardecer o amanecer antes o después de haber visitado la Acrópolis, debéis subir hasta la cima de la colina Filopappou, a escasos metros del lugar más importante de la ciudad. Un sitio en el disfrutar del 'skyline' ateniense. No puedo describir con palabras las sensaciones que me recorrieron el cuerpo al llegar arriba y verlo absolutamente todo a mis pies con el sol escondiéndose entre las montañas.

Supongo que es lo que tienen estos lugares, que son mágicos. Muchas personas y muchas historias diferentes han pasado por ellos a lo largo de los años y eso se nota. No sé cómo trasladároslo, pero fue lo más parecido a beberme un batido de calma, felicidad y plenitud. Eso sí, se nota muchísimo la contaminación. Al igual que ocurre en Madrid, una boina grisácea se cierne sobre el cielo ateniense.

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Mykonos

El viaje de Atenas hasta la isla lo hicimos en avión. Después de asarnos como pollos los tres días en la capital, ver desde la ventana del avión esas aguas cristalinas y las playas de Mykonos fue como un chute de energía. Lo primero que hicimos al llegar fue precisamente eso: ir a la playa.

Aguas cristalinas y diferentes tipos de ambiente donde elegir: si bien puedes ir a pasar un día tranquilo a una calita perdida, también puedes ir a playas como la Paradise o la Súper Paradise, que cuentan con disco pub de playa donde el ambiente es, literalmente, como en Mamma Mía. Nos sorprendieron los precios de los 'beach club', nos los esperábamos bastante más caros, pero los precios, de nuevo, son muy parecidos a los españoles, incluso más baratos que muchos sitios de ocio de Madrid.

Indispensable para moverse: coche o taxi. No hay otra. Los alojamientos cercanos a las playas y calas son muy caros (esto sí que es caro) y los que se encuentran más alejados de la costa tienen bastante camino hasta ella: alrededor de una hora desde donde se encontraba nuestro apartamento, muy cercano al aeropuerto.

Yo dividiría Mykonos en dos: el 'centro neurálgico' (Little Venice) y el resto de la isla. Little Venice es la zona más cara de toda la isla (por una cerveza te cobraban 6 euros y por una consumición 20) y las únicas tiendas que hay son de marcas bastante conocidas y establecimientos de souvenirs. Es bastante parecido a ciudades españolas con puerto, salvando las distancias de que la estética es completamente diferente y bastante cuidada: todo es blanco y azul, lo que transmite bastante calma.

A pesar de que Mykonos como tal no tiene muchos lugares emblemáticos que visitar, pues es conocida como una de las 'islas de la fiesta' europeas, uno de los indispensables si vais, son los molinos de Little Venice. Desde ellos ves toda la zona con otra perspectiva.

Finalmente, los atardeceres y amaneceres aquí son impresionantes. La contaminación todavía no ha hecho mella en el entorno y es un auténtico disfrute. Os recomendaría que, si vais a venir a Mykonos, lo hagáis con la mentalidad de que es una isla donde, en invierno, viven tan solo 3.000 personas.

Os recomendaría que, si vais a Grecia, aprovechéis y repartáis el tiempo por diferentes lugares, ya que Atenas y Mykonos fue como el día y la noche para nosotras. Si bien la capital es perfecta para enriquecerte y conocer la historia y mitología, Mykonos es una isla donde el turismo que más cala es el festivo.

¡Buen viaje!

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